viernes, 19 de noviembre de 2010

Software Libre en el Programa Conectar Igualdad

El presente trabajo de indagación fue presentado como investigación curricular en el marco del programa de la materia Tecnologías Educativas, Prof. Diego Levis, Fsoc, UBA. Editado en el Libro de Ponencias de las Jornadas de Comunicación, UBA, 2010. (González, Espinosa, Godoy, Bermúdez, 2010)

Introducción

Nuestra propuesta consiste en indagar sobre las posibles implicancias de la incorporación del software libre (SL) como uno de los sistemas operativos instalados en las netbooks que se entregarán mediante el Plan Conectar Igualdad.
Como creemos que los términos no son inocentes, nos posicionamos y decimos que preferimos llamar “software privativo” (SP), en vez de “privado”, al software que no es libre (y que por lo tanto “priva” de libertades). Haciéndonos eco del concepto definido por Richard Stallman (1) , fundador de la Free Software Foundation, entendemos que el SL es aquél que cumple con los requisitos de las cuatro libertades proporcionadas a los usuarios (2):

  • La libertad de usar el programa con cualquier propósito (LIBERTAD 0).
  • La libertad de estudiar el funcionamiento del programa y adaptarlo a las necesidades (LIBERTAD 1). El acceso al código fuente es una condición previa para ello.
  • La libertad de distribuir copias, con lo que puede ayudar a otros (LIBERTAD 2).
  • La libertad de mejorar el programa y hacer públicas las mejoras, de modo que toda la comunidad se beneficie (LIBERTAD 3). De igual forma que la libertad 1, el acceso al código fuente es un requisito previo.

Por lo explicado anteriormente, consideramos que el SL es el ideal del software para ser incluido en los programas 1 a 1.

Luego de haber aclarado nuestra posición, enunciaremos nuestros objetivos:

1. Rastrear los antecedentes que llevaron a incluir un doble sistema operativo (SL y SP) en las netbooks que se otorgarán mediante este plan. Comparar programas de similares características que hayan incluido el SL en los equipos entregados, como por ejemplo, el Plan Ceibal de Uruguay, y analizar las diferencias encontradas.
2. Indagar si el plan Conectar Igualdad fomenta en prácticas concretas (por ejemplo, a través de la capacitación docente) la utilización del SL. Establecer las diferencias con las actividades y prácticas orientadas al SP.
3. Reponer y analizar la propuesta de las organizaciones que promueven el uso exclusivo del SL, como SoLAr y Vía Libre, así como también sus críticas al modelo de doble booteo. Considerar los argumentos que fundamentan esta propuesta.
4. Reflexionar acerca de las consecuencias ético-políticas que conllevaría el hecho de utilizar el SL como una herramienta educativa.
5. Inferir sobre la apertura a nuevas prácticas y contemplar las posibles limitaciones que generaría la implementación exclusiva del SL en las escuelas.


Metodología. Corpus de la investigación.

El corpus de este trabajo de indagación está conformado por artículos periodísticos, materiales y comunicados de organizaciones que promueven el software libre, documentación relativa a los planes Conectar Igualdad y Ceibal obtenida de los sitios oficiales y por el texto del proyecto legislativo de la Honorable Cámara de Diputados de la República Argentina que promueve la utilización exclusiva de SL dentro del programa al que nos circunscribimos. Las fuentes enunciadas serán puestas en diálogo con la bibliografía de la materia Tecnologías Educativas, dictada por el profesor titular Diego Levis en la carrera de Ciencias de la Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires.

Antecedentes

Para dar cuenta del proceso que condujo a la decisión gubernamental de utilizar SL en los programas de inclusión digital que se desarrollaron en Argentina en materia educativa, resulta adecuado remitirse a los diferentes programas nacionales que se vienen implementando en este país desde el año 2003. En ese mismo año, la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información establece la necesidad de promover el empleo de las TIC en todos los niveles de la educación y en la formación y el desarrollo de los recursos humanos. Argentina, a través del Ministro de Educación de la Nación Daniel Filmus, re-lanza el portal Educ.ar (3). El sitio de educación de la Nación está destinado a ejecutar políticas de integración en todos los programas nacionales que incluyen las TIC, incluyendo el reparto y actualización de equipos informáticos. También articula links y vínculos sobre capacitación docente.
En el año 2004 algunos países de América Latina participan de diferentes acuerdos con la reconocida Microsoft, con el objetivo de asegurar que se logre desarrollar un proceso de integración de los medios informáticos en las instituciones escolares. Finalmente el Ministerio de Educación de la Nación Argentina se vincula a esta corporación en el marco del proyecto “Alianza por la educación” (2004). El convenio comprometía a Microsoft a incorporar su software en aquellas computadoras que el gobierno nacional proveería a las escuelas, así como también a capacitar gratuitamente a los docentes de enseñanza básica y media del país. Siguiendo a Diego Levis, se puede rastrear aquí cómo el Estado delega en la empresa parte de la responsabilidad de incorporar los medios informáticos en la educación (4).
En ese mismo año, el Ministerio anuncia la Campaña Nacional de Alfabetización Digital 2004 -2006 (luego ampliada al 2007), en la que se previó la inclusión de los sistema operativos Microsoft Windows XP y Linux en las computadoras adquiridas y entre cuyos objetivos se enuncia: facilitar el acceso de la comunidad educativa a las TIC, mejorar algunos aspectos de esta área y utilizar las TIC en pos de la formación para el trabajo. Se suman a este proyecto distintos planes nacionales; por ejemplo, el Programa Integral de Inclusión Educativa (PIIE), que tiene como misión hacer llegar equipos informáticos a las escuelas públicas de EGB 1 y EGB 2 de los sectores más vulnerables en todo el país. Surgieron entonces los primeros debates sobre el acierto o desacierto de la elección por el doble booteo y se manifestaron posturas a favor de mantener sólo los programas de Software libre. En esta posición se alinean organizaciones como SoLAr y Vía Libre, cuyos fundamentos se explicarán más adelante. En el medio de esta campaña, se sanciona, en el año 2006, la nueva Ley de Educación Nacional impulsada por Daniel Filmus en la cual se atribuye a las TIC el potencial de una nueva forma de pensar, interactuar e informarse (5).
Continuando con el lineamiento de las acciones desarrolladas y siguiendo con el objetivo de democratizar el acceso a las nuevas tecnologías, en el año 2009 el Ministerio de Educación de la Nación promueve, mediante la Res.CFE Nº 82, el Plan Nacional de Inclusión Digital Educativa. La primera etapa del plan consiste en la puesta en funcionamiento del Programa Nacional “Una Computadora para cada Alumno”, dirigido específicamente al segundo ciclo de las escuelas secundarias técnicas públicas (industriales y agropecuarias) de todo el país, con el cual se aspira a dotar de una computadora portátil de bajo costo a cada uno de los alumnos. En este caso, nuevamente el gobierno vuelve a elegir un sistema operativo de doble booteo. Cabe aclarar que este programa surge del original interés del gobierno argentino en la iniciativa “One Laptop per Child” (OLPC) impulsada por Nicholas Negroponte. El mismo se fue diluyendo debido a la indefinición sobre su precio final(6).
En marzo de 2010, el gobierno nacional lanza el programa “Conectar Igualdad”, retomando el compromiso de proveer una computadora a cada una de las alumnas, alumnos y docentes del nivel secundario de escuelas públicas, de educación especial, y de institutos de formación docente de todo el país. El proyecto se propone repartir 3.000.000 laptops en un plazo de 3 años (7) con un costo total de 750 millones de dólares (8). También se plantea como objetivo asegurar la capacitación para todos los docentes y elaborar propuestas pedagógicas con el fin de profundizar las estrategias llevadas a cabo por el Ministerio de Educación de la Nación orientadas hacia la meta de reducir las brechas digitales, educativas y sociales. El acuerdo prevé la incorporación de tecnología INTEL (empresa que diseña, fabrica y vende circuitos integrados para la industria de la computación).
Financiado por la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSeS), el plan tiene como premisa considerar a la escuela el medio por excelencia para democratizar el conocimiento (9). En este sentido, el objetivo que enuncia a largo plazo es, entre otros, mejorar y transformar los procesos de aprendizaje y enseñanza por la inclusión de tecnología en las aulas, modificar las formas de comprender y relacionarse con el mundo y comprometer a las familias para que participen en el proceso de la alfabetización digital.
El debate instalado sobre la utilización del doble booteo adquirió un nuevo giro cuando Microsoft presentó un nuevo proyecto para ser tratado en el Ministerio de Educación. Para entonces, el Microsoft Student's Innovation Suite (MSIS) incluía otros programas además del Windows XP Profesional: la suite de oficina MS Office 2007 Home and School Edition y el aplicativo MS Math para cálculo matemático. En esta ocasión el software dejó de ser gratuito para adjudicarle un valor simbólico de 3 dólares por equipo, precio que justificaba la perpetuidad de las licencias.
La discusión fue traspasada a la Subsecretaría de Tecnologías de Gestión de la Jefatura de Gabinete de Ministros. Allí, la Oficina Nacional de Tecnología de Información (ONTI) sería la encargada de emitir la aprobación u objeción sobre las condiciones técnicas del equipamiento afín con la propuesta. Este organismo tiene como función recomendar aspectos técnicos para equipos informáticos (no específicamente en Netbooks) y se encarga también de evaluar si es conveniente la inversión que realiza el Estado en tales cuestiones. Su veredicto final fue aprobar este nuevo convenio, lo que alzó la voz de los defensores del SL, que en adelante incluiría argumentos aún más críticos respecto del respaldo del gobierno a la corporación Microsoft.
Uno de los antecedentes más cercanos al programa Conectar Igualdad, en el ámbito de América Latina, es el Plan Ceibal de Uruguay (10), puesto en funcionamiento por el Decreto presidencial N° 144/007 del 18 de abril de 2007. Su origen también se remonta al proyecto OLPC, pero adquiere un matiz diferente al proyecto argentino, mucho más vinculado al programa de Negroponte. Los componentes de los equipos ofrecidos en el marco de esta iniciativa eran provistos por AMD, principal competidor de Microsoft. El prototipo de OLPC, llamado XO, también se conoce como “máquina verde” por sus características ecológicas y porque está diseñado para mantenerse largas horas con batería. Este tipo de hardware posee la capacidad de conectarse a Internet de manera inalámbrica. A diferencia del que se utiliza en el programa Conectar Igualdad, este prototipo prevé exclusivamente la utilización del SL. Posee un sistema operativo único denominado Sugar que consiste en una adaptación de GNU/ Linux desarrollada por la empresa RedHat, orientada específicamente a la educación. Este plan fue dirigido a los establecimientos de educación primaria con el objetivo de lograr una primera “alfabetización digital” por medio de un uso lúdico- didáctico; a diferencia del plan argentino, que se orientó a la educación secundaria. Este punto es importante para comprender la lógica de la decisión: en nuestro país, se asume que los alumnos de secundaria vienen con una formación muy fuerte en programas privativos, específicamente en Windows.
También resulta interesante, de cara al trabajo, destacar que el Plan Ceibal propone un modelo educativo que apunta a romper con la clásica relación tutor- alumno. Entre sus objetivos generales y específicos, menciona el de desarrollar una cultura colaborativa en cuatro líneas: niño-niño, niño-maestro, maestro-maestro y niño-familia-escuela y el de propiciar la creación y desarrollo de nuevas comunidades de aprendizaje promoviendo niveles de autonomía, aspectos que no están mencionados entre los objetivos del programa argentino.
A priori, todo parece indicar que el Plan Ceibal fue pensado específicamente desde y para las comunidades de aprendizaje, ya que en este programa podemos rastrear una mayor impronta de los objetivos de transformación pedagógica, mientras que nuestra versión autóctona plantea inicialmente objetivos más generales en el marco de un proyecto político de inclusión social.

Desarrollo del problema

El Decreto N°459/10 que establece la creación del “Programa Conectar Igualdad” no especifica en su letra el tipo de software a ser incluido en las computadoras que se entregarán; deja a cargo de un Comité Ejecutivo (y no exclusivamente del Ministerio de Educación) la ejecución e implementación del mismo. Cada integrante del Comité tuvo su injerencia específica: el Ministerio de Educación en cuanto a la estrategia pedagógica y a la reación de contenidos; el de Planificación, sobre la conectividad de los establecimientos; la ANSeS, porque de allí saldrán los fondos para la compra y distribución de las netbooks; y finalmente, la Jefatura de Gabinete en cuanto a la definición de hardware y de software a través de la Subsecretaría de Tecnologías de Gestión (11).
El Comité Ejecutivo, priorizando un criterio de “neutralidad tecnológica”, resolvió la utilización de un doble standard. Entendemos este criterio del mismo modo en que lo hacen Kurbalija y Gelbstein, en relación a la posición estatal de no depender de dispositivos tecnológicos específicos (SL ó SP) (12). El doble arranque en las computadoras portátiles modelo Classmate (promovidas en el mundo por Intel y Microsoft) posibilitan al usuario elegir sobre qué sistema operativo trabajar, Windows (SP) o Linux- Ubuntu (SL). Para cada una de estas opciones se utilizan distintos programas administradores de clases, el E- Learning Class y el Italc, respectivamente (13).
En varias oportunidades el Jefe de Gabinete Aníbal Fernández sostuvo públicamente que el SL era una política de Estado y agregó: “el objetivo es ratificar la filosofía que asume el gobierno que represento, de fortalecer y propender al uso de herramientas de software libre y brindar soporte a las organizaciones del Estado y las que no lo son también” (14). Se podría afirmar, atentos a estas palabras, que el gobierno nacional argentino asumió, al menos en una dimensión retórica, un compromiso en el desarrollo de herramientas de SL. Según el Jefe de Gabinete el valor está puesto en “la soberanía de los recursos del Estado, por un lado, y la libertad de usar los programas y modificarlos según nuestras necesidades, por el otro. Ésta es la filosofía que nosotros sostenemos, el compromiso y la vocación del Estado de desarrollar estas herramientas”. Asimismo, el funcionario afirmó que no se trata de una cuestión de gastos “el costo de licencia es una cuestión menor” (15).
Pero desde la concepción de Diego Levis, se podría argumentar que el doble booteo revela algunas contradicciones por parte de las autoridades del gobierno nacional con respecto a los objetivos enunciados en el plan, entre los que cuenta el de “apuntar a transformar los modelos de enseñanza y a dinamizar nuevos procesos de aprendizaje”. Como señala Levis, adoptar la medida del doble booteo sigue privilegiando el uso privativo de Microsoft, empresa con la que se firmó un convenio de duración ilimitada, siguiendo el modelo tradicional de transmisión de conocimientos (16).
Introduciendo la perspectiva de Dussel y Quevedo, se podría señalar que el predominio de Microsoft en el mercado del SP tiende a favorecer un vínculo restrictivo entre la plataforma tecnológica y sus usuarios. Los autores suponen que, en materia de uso de software, las destrezas de los docentes se reducirían al manejo de los programas comerciales más populares; en su opinión, posiblemente porque las elecciones se orienten a la comodidad y a la familiaridad con las nuevas tecnologías y porque “el peso del sistema escolar termina replicando el modelo conocido y previsible de pregunta-respuesta, antes que la exploración y la aventura como modos de indagación” (17).
En relación a la formación docente y sus contenidos, Dussel y Quevedo señalan que “es poco el debate en los espacios de capacitación respecto del software libre y de las iniciativas de organizaciones como Wikimedia, que defienden un uso no comercial y más colectivo de la tecnología” (18). Estos diagnósticos nos habilitan para esbozar algunos interrogantes, que intentaremos profundizar hacia el final de este trabajo:

• en el caso de programa Conectar Igualdad y atentos a la posición gubernamental de incluir un sistema de doble standard en los equipos informáticos que se entregarán gratuitamente, ¿cuáles serían los fundamentos e implicancias de esta decisión?;
• el doble booteo ¿consiste simplemente en un cambio de plataforma o la coexistencia de ambos sistemas implica alguna tensión más profunda?;
• ¿se puede hablar de un plan integral de transformación del modelo educativo cuya herramienta principal sería el software? Y en tal caso, ¿cuál es el papel de la capacitación docente en pos de dicha transformación?

Las voces a favor del Software Libre

SoLAr y Vía Libre son dos de las voces más potentes que se han alzado en contra de la inclusión de SP en las notebooks del programa. Vía Libre es una fundación orientada a la defensa de los derechos de los ciudadanos en el marco de los procesos que involucran la implementación de nuevas tecnologías. La entidad, cuyos principales representantes son Federico Heinz y Beatriz Busaniche, toma posición a favor del SL, derechos culturales y copyleft y asesora políticamente en materia de proyectos legislativos. SoLAr es una asociación civil que agrupa a usuarios y desarrolladores de SL en Argentina con el objetivo de generar un espacio de representación y difundir las ventajas tecnológicas, sociales y políticas del SL. La entidad promueve el concepto de que las ideas no son apropiables, sino que deben “fluir libremente” y “trabaja por construir una práctica y un derecho intelectual justo; sustentable; solidario” (19).
En Junio del 2010, SoLAr publicó y entregó al Ministerio de Educación un documento en el cual enumera las razones por las cuales estos equipos debían ser equipados exclusivamente con SL (20). En las siguientes líneas resumiremos los cinco puntos desarrollados en dicha comunicación:
1) Soberanía Tecnológica
El Estado Argentino debe controlar la información y los sistemas informáticos de sus propios planes, accediendo al código de los programas que los administran; es decir, debe poder usarlo para cualquier fin, estudiar cómo está hecho, modificarlo para que se ajuste a las diferentes necesidades y redistribuirlo tanto en su estado original como con las modificaciones realizadas. Estas características aseguran la posibilidad de cambiar de proveedor en cualquier momento, pudiendo optar por prestadores públicos o privados y evitando quedar atado a una empresa, muchas veces extranjera.
2) La Educación como derecho humano
El SL es el único que contribuye a la garantía de derechos humanos tales como el acceso a la cultura, a la comunicación y a la expresión. Aprender con SL significa “aprender a aprender”, lo que implica aprender con libertad, espíritu curioso y crítico; a diferencia de “entrenar” en el uso de una determinada aplicación o sistema. Ofrece también un aprendizaje en valores que repercute en otros ámbitos de la sociedad.
3) Inclusión digital
El SL puede copiarse y distribuirse legalmente, garantizando el acceso igualitario para todas las personas, procurando una inclusión digital amplia y abarcativa que incorpora la diversidad cultural en todas sus expresiones. La penetración en la población es mayor e igualitaria y no alimenta modelos de negocio socialmente injustos.
4) Fortalecimiento del desarrollo local
Adoptar SL en planes del Estado impulsa a la industria local y promueve la libre competencia de proveedores.
5) Optimización de los recursos del Estado
Un doble sistema operativo (que incluya uno libre y otro propietario) genera un doble costo tanto en la contratación de personal calificado que pueda realizar el soporte de ambos sistemas, como en lo relativo al mantenimiento y a la actualización de las aplicaciones.


Asimismo, Belkin y Heinz sostienen que el doble booteo implica la coexistencia de dos modelos educativos antagónicos cuyos principios son contradictorios. Pasar de SP a SL, según estos autores, es mucho más que cambiar de plataforma informática: “Utilizar software libre no es garantía de nada si no se modifican los esquemas que están habitualmente asociados con el software propietario” (21). En el siguiente apartado esquematizaremos las diferencias enunciadas por Belkin y Heinz en relación a las principales características de estos dos modelos que entran en tensión (22):

  • ¿Qué se enseña?
    En el modelo emparentado con el software propietario se enseñan herramientas informáticas. Ej.: Frontpage (editor de páginas web)
    En el modelo emparentado con el software libre se enseñan conceptos fundamentales que sirven como base para utilizar herramientas informáticas. Ej. lenguaje HTML
  • Tipo de relación currícula/ software
    En el modelo SP la currícula depende de determinadas herramientas informáticas. Ej.: Se enseña a guardar un archivo en Word.
    En el modelo SL la currícula depende de los fundamentos y no tanto de las herramientas. Ej.: Se enseña a guardar un archivo. Lo enseñado se aplica a cualquier herramienta ofimática.
  • Tipo de aprendizaje
    El SP se apoya primordialmente en el aprendizaje visual. Se desestima el aprendizaje analítico. Ej.: Se les enseña a los alumnos a recordar las barras de herramientas de los programas.
    Con el SL se enseña de manera tal que lo visual sirva para afirmar los conceptos analíticos adquiridos. Ej.: Abrir un programa es ejecutar un comando que no depende del software.
  • Relación con la empresa proveedora del software
    Si utilizamos SP, todo depende de una empresa proveedora de software. Se conduce a los alumnos a una disyuntiva: pagar licencias onerosas o usar copias prohibidas de software.

    El SL, en cambio, es accesible a todos. No dependemos de una empresa en particular.
  • Resolución de problemas
    En SP se trabaja primordialmente sobre la base de resolver problemas de productos. Ejemplo: Cómo resolver “bugs” (defectos) de Microsoft Outlook.
    El SL plantea soluciones colaborativas a nuevos desafíos, incitando a los alumnos integrar sus aportes a la comunidad.

  • Modelo de reciprocidad
    El SP fomenta un modelo de Yo gano, Ud. pierde.
    El SL fomenta un modelo colaborativo, es decir, un modelo donde todos ganan algo.

  • Modelo de desarrollo
    El modelo de desarrollo SP se basa en ocultar y obstaculizar el acceso al código fuente.
    El modelo de desarrollo con SL se basa en compartir el código fuente de los programas, esto permite el progreso del software a través de la cooperación comunitaria.

  • Licencias
    Es necesario adquirir licencias onerosas para el SP de cada estación de trabajo. Aun si estas fueran “donadas”, esas donaciones se limitan a determinados productos, y no incluyen actualizaciones necesarias, con lo que puede convertirse en un problema a corto plazo.
    La aceptación de las condiciones de licencia es compleja y diseñada con el expreso propósito de evitar la difusión del conocimiento encapsulado en los programas, abre la puerta a un sinnúmero de problemas tales como auditorías externas en la escuela a discreción del proveedor y el control de las actividades del personal y el alumnado.
    El SL dispone de una variedad de programas que pueden ser usados legalmente sin erogación monetaria alguna; constantemente se proveen mejoras y actualizaciones.
    Las condiciones de licenciamiento son claras, sencillas de cumplir, no requieren supervisión, y están diseñadas para fomentar la difusión de las ideas y mecanismos corporizados en los programas.
  • Modelo de centro educativo
    El centro educativo debe convertirse en ente de vigilancia del cumplimiento de las licencias de SP, capacitando en el uso de tecnologías, pero sin facilitar de ningún otro modo el acceso a ellas.
    En el modelo emparentado con el SL, el centro educativo es, además de lugar de aprendizaje, un centro de difusión tecnológica que provee soluciones adecuadas a la realidad de las organizaciones de base barriales en su área de influencia, tales como PyMEs, cooperativas, ONG, etc., reforzando su rol de difusora de conocimiento socialmente útil.

  • Rol del alumno
    El SP propone un rol pasivo. Se difunde el uso de herramientas de las que el alumno no puede apropiarse directa ni indirectamente, cuyas condiciones de licenciamiento le prohíben expresamente aprender cómo funcionan, relegándolo así al rol de mero consumidor.
    El SL alienta un rol productivo. El alumno aprende herramientas que puede hacer tan propias como desee, incluyendo no sólo la capacidad de usarlas, sino también de desmantelarlas, recombinarlas, crearlas y mejorarlas.

  • Aspectos culturales
    Los alumnos experimentan al SP como un ente ajeno, inflexible, diseñado y creado en un ambiente cultural, social y económico completamente distinto del propio, por grandes corporaciones que dictan qué programas deben estar en cada computadora, y de qué manera deben comportarse, de acuerdo a su agenda comercial más que con las necesidades reales de la escuela.
    Los alumnos ven al SL como el elemento dinámico y cambiante que es y trabajan con programas desarrollados con esfuerzo comunitario con el fin satisfacer sus propias necesidades, preservando el derecho de cada uno de elegir cuáles programas quiere usar y cuáles no.

  • Qué podemos enseñar
    Enseñamos a los alumnos que el SP que usan no debe ser compartido con nadie, pues hacerlo es delito, y que es normal y aceptable renunciar al derecho a la solidaridad a cambio de un poco de comodidad personal. Modelo ético en el cual “compartir” es un valor negativo.
    Podemos enseñar a los alumnos que la solidaridad y el compartir son actitudes socialmente positivas también en el mundo del SL, y que existen modalidades para copiarlo y compartirlo libremente sin violar la ley.

  • Conclusión/ posibilidad de cambio
    Con el doble booteo continuamos en el círculo vicioso en el cual las organizaciones no pueden aprovechar las ventajas del software libre porque perciben una escasez de personal capacitado, y las personas se capacitan en software privativo porque es lo que las empresas tienen. De esta manera, el sistema educativo invierte dinero público en asistir a ciertas empresas para mantener alta la barrera a la entrada de la competencia, y así preservar su posición monopólica en el mercado.
    Al ofrecer exclusivamente SL rompemos el círculo, formando alumnos que en virtud de su conocimiento funcional y no meramente operativo pueden adaptarse rápidamente a programas privativos si fuera necesario, pero también pueden llevar programas libres a las empresas y organizaciones, y fundamentalmente, incorporarlos en sus propios consumos culturales.

En abril de 2010, durante una entrevista periodística, Richard Stallman dejó en la concepción respecto del tipo de software que, a su entender, se debería promover desde la administración pública:


Si un Estado permite la inclusión y la penetración de software privativo –como el caso de Microsoft y su sistema operativo Windows- está entregando el futuro de la educación a los planteos ideológicos de una empresa privada. El software libre aboga para que cada usuario pueda ser partícipe central en su desarrollo tecnológico. (…) Es una posición ética rechazar el uso de software privativo para la educación.” (23)


En línea con las posturas de Vía Libre y SoLAr, un día después de publicado el decreto N°459/ 2010 que pone en funcionamiento el plan, cinco diputados de la Nación presentaron un Proyecto de Ley bajo expediente 1905-D-2010 por el cual se insta al Poder Ejecutivo a que disponga de las medidas necesarias para que las computadoras a ser distribuidas, en el marco del plan Conectar Igualdad, fuesen equipadas exclusivamente con SL. Los legisladores que firmaron la iniciativa son Nélida Beluos, Verónica Benas, Ariel Basteiro, Eduardo Macaluse y Victoria Donda Pérez. Entre las preocupaciones que dicho documento expresa, la principal es aquélla que considera el uso de SP como abiertamente contradictorio con el espíritu del programa, dado que: “restringe las capacidades y libertades de los usuarios, impide el estudio y la investigación, modificación, mejoramiento y distribución de los programas, impone actualizaciones constantes no necesariamente gratuitas, incluye ‘errores’ y ‘puertas traseras’ que propician la fuga de información, tienen un costo más alto, entre otras características desfavorables” (24). Otra de las consideraciones que se exponen en el documento es la relativa a las licencias y patentes, en la medida en que éstas constituyen restricciones tecnológicas y comerciales que limitan los derechos y libertades de los alumnos y docentes. La iniciativa retoma la filosofía del proyecto GNU y de su creador, Richard Stallman. A pesar de que, a la fecha de inicio de esta investigación (Octubre 2010) y según el informe de avance en tiempo real del sitio web oficial del programa, se encuentran asignadas más de 160.000 netbooks, el expediente que corresponde al proyecto de Ley aún se encuentra en trámite para ser girado a las comisiones de Educación y Comunicaciones e Informática de la Cámara de Diputados, lo que indica que la situación tendría muy pocas posibilidades de ser revertida o que sólo podría ser subsanada parcialmente.

Reflexiones finales

En el portal Educ.ar Alejandro Piscitelli, responsable de la campaña Alfabetización Digital, comentaba al respecto en el año de su lanzamiento (2004): “(…) la danza entre cultura y tecnología -con lo deseable que es- muchas veces termina convirtiéndose en un gran guiñol. Es por lo tanto sobre el trasfondo de lo poco bueno hecho con anterioridad, y esquivando lo malo e ingenuo que cada tanto resurge, que estamos trabajando en un proyecto de alfabetización digital en el que actualmente están trabajando distintas dependencias (…)” (25) . Estas palabras de autocrítica resumen el estado de las políticas educativas en relación a las TIC en Argentina hasta promediando el año 2004.
El panorama en los años subsiguientes no cambia tanto, pero en el año 2006 se sanciona la nueva Ley de Educación Nacional N°26.206 y se le brinda un nuevo marco a este tipo de emprendimientos. La misma nace, de acuerdo al “Documento base”(26) (previo a la sanción de la Ley) como respuesta a la compleja situación socio-económica y los niveles elevados de desocupación y pobreza. Entre sus fundamentos se reconocen tres objetivos principales y complementarios: acercarse (aunque sea utópicamente) a la justicia social, construir ciudadanía y contribuir al crecimiento económico. Estos argumentos son retomados en las plataformas de los diferentes programas de integración de las TIC en las escuelas que emprende el Ministerio de Educación de la Nación a partir del año 2006 (27) en cuya marco se establece la necesidad de generar una mirada crítica hacia los mensajes mediáticos y garantiza el derecho a conocer y usar las TIC como una forma de fortalecer la democracia.
Conectar Igualdad aparece como el punto más alto en una apuesta educativa que se presenta como transformadora y como una de las inversiones económicas más fuertes de los últimos tiempos en materia de tecnológica en las escuelas.
Las diferencias con el programa uruguayo Ceibal son múltiples y algunas de ellas están basadas en decisiones políticas estructurales en la implementación de cada plan. Uno de los ejes en tensión del programa Conectar Igualdad acaso es que quien lo ejecuta sea el ANSeS y no el Ministerio de Educación. De ahí que en sus fundamentos se enuncie un discurso que contemple la “inclusión social”, y el “compromiso de las familias”, etc. y que se presente, a modo de hipótesis, dentro de un proyecto más amplio de política social. El plan Ceibal contiene planteos sociales pero, al depender del Ministerio de Educación de la Nación de Uruguay, se enmarca dentro de una política eminentemente educativa.
Otra decisión que tuvieron que tomar cada uno de los gobiernos es la inclusión o no de un sistema de doble booteo. En argentina, encontramos que los argumentos de los funcionarios públicos justificando este último resultan contradictorios respecto de las decisiones adoptadas en la práctica que se fundamentan en un criterio de “neutralidad tecnológica”. Podemos suponer que los principales obstáculos para la adopción exclusiva de SL por parte del gobierno radican posiblemente en las influencias que ejercen en las decisiones económicas las empresas de SP, tanto como en los factores socio- culturales de apropiación de las tecnologías. Entendemos que el discurso oficial se escuda en esto último, soslayando los intereses comerciales que están detrás:
“hay mucha gente que usa el software privativo y es por eso que hay una resistencia al cambio” (28).
Por otro lado, desde el discurso oficial, la inclusión de SP se vincula con los destinatarios del programa: alumnos secundarios; para quienes el conocimiento de este software contribuye a la formación para la inserción laboral. En este sentido nos preguntamos ¿puede justificarse de ese modo que el órgano ejecutor sea el ANSeS? ¿qué sucede entonces con el objetivo planteado de transformación pedagógica si se incluyen los dos tipos de software?
Al respecto, como señalamos en párrafos anteriores, las posturas de las organizaciones que apoyan la utilización de SL, como SoLAr y Vía Libre, coinciden en que pasar de un SP a uno libre implica mucho más que un cambio de plataforma informática: se trata de un cambio de modelo. Podríamos decir que este es el propósito a cumplir por el plan CEIBAL al rechazar el SP y al plantear entre sus objetivos la creación de una cultura colaborativa. Pero una modificación de estas características no sólo requiere comprender y aplicar los principios de la filosofía del SL, tales como la cooperación y la investigación: se puede usar el SL en las escuelas como una herramienta informática, sin que nada se transforme de fondo. Y en este sentido, se encamina la pregunta que deseamos dejar abierta como reflexión final de este trabajo:

Aun cuando en argentina existiese la voluntad política de optar únicamente por un sistema operativo de SL para las netbooks que se entregarán en el marco del Programa Conectar Igualdad, ¿qué posibilidades materiales concretas habría de que este sistema se utilice en las escuelas aplicando todos los principios de la filosofía del SL, es decir, que se trate de una transformación del modelo y no meramente de un cambio de herramienta?
Como se pregunta Levis, no queda claro si las medidas y acciones tomadas por las autoridades en relación a la aplicación de SL en el Estado, y más aún en la educación, son el resultado de una política consolidada de acuerdo a una concepción socioeducativa de las TIC o si simplemente funcionan como respuestas coyunturales a las demandas sociales existentes en relación a las tecnologías (29).

Desde nuestra perspectiva, el doble booteo posibilitará que, por un lado, millones de docentes, estudiantes y sus familias tomen contacto con el entorno Linux. Pero, por otro, la posibilidad de elegir el sistema operativo que se les presenta luego de encender el equipo, hace pensar que los maestros y los alumnos probablemente opten por el más conocido, es decir, Windows.
Si nos concentramos en la esfera de la formación docente, la aplicación de los programas de uso libre parecen quedar invisibles para muchos. Aunque existe una oferta limitada de cursos virtuales sobre programas de código abierto a través de la plataforma Educ.ar, éstos sólo están orientados a su uso instrumental, dejando de lado los fundamentos conceptuales que facilitan nuevas prácticas pedagógicas. Es por ello que consideramos que, en el caso del plan Conectar Igualdad, no se puede hablar de un programa integral de formación docente en medios informáticos, y menos aún de SL propiamente dicho, enmarcado en la definición propuesta por Stallman al comienzo de este trabajo.
El principal argumento que sostienen los defensores del SL para su utilización exclusiva en las escuelas consiste en que la apertura del código fuente permite a los alumnos conocer cómo están hechos los programas, modificarlos, y compartirlos. Federico Heinz hace una analogía con la matemática: tener acceso al código fuente de los programas informáticos sería como aprender el concepto de división; en contraposición, saber solamente usar el programa sería como que se enseñe sólo a utilizar la calculadora (30). La comparación es legítima, pero observamos que tener acceso al código fuente, tener la posibilidad de leerlo, modificarlo y compartirlo, no necesariamente implica que los alumnos y docentes posean las competencias para hacerlo. Creemos que este argumento, que es uno de los puntos centrales en los que se apoya la defensa de la utilización exclusiva del SL en las escuelas, es el más difícil de implementar en las instituciones educativas, dado que requiere necesariamente de docentes capacitados para transmitir estas competencias a sus alumnos.
El problema parece ser propio de la implementación de este tipo de programas 1 a 1. En Uruguay, por ejemplo, el debate se presentó de manera similar en torno a la capacitación docente y al uso de las TIC en el aula. El psicólogo Roberto Balaguer, compilador del libro Plan Ceibal, señalaba oportunamente en un artículo del diario El País que existían deficiencias en la formación pedagógica. En respuesta a las demandas de los docentes, en el año 2010, la atención en las autoridades uruguayas se concentró en lo pedagógico y por ello en Agosto el presidente Mujica anunció la convocatoria a consultores en diseño de estrategia y contenidos de capacitación como una forma de profundizar la búsqueda de la transformación en el modelo de aprendizaje (31).

Pensemos en los educadores que habitan hoy las escuelas. En el mejor de los casos, son usuarios de la tecnología digital, por ejemplo, aquellos que utilizan internet y hasta deciden tomar capacitaciones virtuales a través del portal Educ.ar para poder trabajar con las netbooks en el aula. Suponemos entonces que la mayoría de esos docentes son usuarios alfabetizados digitalmente para el uso de SP, es decir, conocen únicamente ese modelo y participan hoy en capacitaciones diseñadas a través del mismo. No podemos ignorar que los años que llevan las empresas de SP formando consumidores cautivos posiblemente han dejado sus marcas y éstas se podrían constituir en obstáculos epistemológicos al momento de abrirse a otras tecnologías que involucran un modelo educativo radicalmente distinto. Nada más lejano a nuestra intención que el objetivo de defender al SP, como también nos distanciamos de una postura de resignación ante la gran posibilidad que nos ofrece hoy el SL; pero sí queremos ser conscientes de esta realidad que afecta a las escuelas de nuestro país para poder, a partir de ellas, pensar en las dificultades que implicaría un cambio al modelo exclusivo de SL con la ambición de poder anticipar una posible solución haciéndonos eco de la voz de las organizaciones que lo defienden:
La construcción de programas de computadora es la técnica cultural de la Era Digital (…) el rol de la escuela debe ser facilitar a los estudiantes descubrir estas artes, y ayudarlos a dar los primeros pasos” (32).
Pero para que puedan cumplir este rol, previamente las escuelas (o mejor dicho, los actores que conforman estas instituciones: docentes, directivos) necesitan descubrir estas artes. Y para ello creemos que se requiere, en primer lugar, de una política de Estado que apunte a la capacitación en una fuerte estrategia pedagógica. En este sentido, cabe preguntarnos si basta con un breve curso a distancia o presencial de lenguaje html (por ejemplificar con algo) o si es preciso introducir modificaciones en las currículas de los institutos de formación docente. Si finalmente se tomara la decisión de fomentar la adopción del modelo exclusivo de SL, como dijimos, ésta implicaría un cambio sustancial en el proceso de aprendizaje y en el sujeto que se quiere formar. Heinz lo resume de la siguiente manera:


“Si la misión de la escuela es entrenar trabajadores sumisos y baratos para mejorar la rentabilidad de las empresas, entonces no importa qué software usemos. Pero si la idea es educar a ciudadanos libres, conscientes de sus derechos y responsabilidades, capaces de cuestionar la verdad establecida, apreciar el arte, de imaginar el mundo que desean y aportar a su concreción, entonces es ineludible usar software libre” (33).


Entonces, si la decisión de utilizar SL significa apostar a un cambio de tal magnitud, consideramos que se debe comenzar, al menos, por quienes formarán a estos ciudadanos libres, es decir, por los docentes, y qué mejor ámbito para que eso ocurra que los institutos donde se capacitan estos formadores. De lo contrario, mientras la decisión se limite a proponer un esquema de doble booteo o, en el mejor de los casos, instalar exclusivamente un sistema operativo de SL en las netbooks de los programas de alfabetización digital (en ambos casos de manera disociada respecto de un proyecto educativo más integral), el cambio consistirá en una mera variación de la plataforma pero no en una transformación profunda del modelo. Nos limitaremos entonces a saber usar las herramientas informáticas del SL reproduciendo el modelo del SP y estaremos dejando pasar de largo la oportunidad única que se nos presenta.

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Artículos publicados en medios de comunicación online:

Redeco Alternativo. (2010, Julio, 8). La trampa del doble booteo en el Plan Conectar Igualdad [On line]. Disponible:
http://www.redeco.com.ar/nv/index.php?option=com_content&task=view&id=3797&Itemid=40

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http://www.iprofesional.com/notas/103929-El-software-libre-sumo-a-Anibal-Fernandez-como-su-impulsor-dentro-del-Estado.html

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http://www.elpais.com.uy/100314/pnacio-476598/nacional/plan-ceibal-la-hora-de-los-maestros

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Notas:

(1) Proyecto GNU. (2010, Octubre, 15). Filosofía [On line]. Disponible: http://www.gnu.org/philosophy/free-sw.es.html
(2) Nos parece adecuado explicitar que el software libre no es un concepto tecnológico, sino legal. No se trata de un software que carece de licencia; por el contrario, adopta un tipo de licencia pública general (GPL). Dicha licencia obliga a que cualquier obra derivada deba también ser libre, es decir, se prohíbe su conversión en SP. No debe confundirse el SL con el freeware (programas que se pueden distribuir pero no modificar en su código fuente), con el shareware (programas cuya distribución de copias está permitida, pero que para poder utilizar en un período prolongado de tiempo se debe abonar su licencia), con el software público (programas desarrollados específicamente para instituciones gubernamentales, cuyo código fuente no siempre está a disposición). Tampoco podemos asumir que todo software libre es aquél que reviste el carácter de no comercial.
(3) En el año 2000 una donación de la Fundación Martín Varsavsky al Estado argentino permitió la creación de Educ.ar S. E. (primera institución de Internet del Estado argentino), cuyos fondos fueron aportados para tal fin. Este portal de contenidos educativos emprende un plan Nacional para equipar a todas las escuelas. Implementado por el De la Rúa, el plan no termina de concretarse al igual que el mandato del ex presidente.
(4) Levis, Diego (2007). “Enseñar y aprender con informática/ enseñar y aprender informática. Medios informáticos en la escuela argentina”. En Cabello, R. y Levis D., (Eds.), Tecnologías informáticas en la educación a principios del siglo XXI. Buenos Aires: Prometeo. Pág. 19.
(5) Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología. Presidencia de la Nación, (2006, Mayo). Documento para el debate. Ley de educación Nacional: hacia una educación de calidad más justa para todos. [On line]. Disponible: http://debate-educacion.educ.ar/ley/documento_base.php
(6) Ministerio de Educación. Presidencia de la Nación Argentina. Inclusión Digital Educativa en el Bicentenario Argentino. S/D. Programa Una Computadora por Cada Alumno. Disponible: http://inclusiondigital.gov.ar/acerca-del-programa/acciones/
(7) Programa Conectar Igualdad. S/D. Institucional. Objetivos. [On line]. Disponible: http://conectarigualdad.gob.ar/institucional/objetivos.php
(8) Premici, S. (2010, Abril, 12). Las empresas que ganan con las laptops educativas [On line]. Página 12, Economía. Disponible: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-143730-2010-04-12.html
(9) Esta premisa podría parecer hoy un tanto obvia. Sin embargo, históricamente la escuela no siempre formó parte de una política social más general dirigida a incorporar nuevos sectores en la producción social del conocimiento. Sobre los distintos papeles que el sistema educativo ha ido desempeñando a lo largo de la historia de nuestro país respecto de los diferentes modos de articulación Estado- Sociedad, véase Filmus, D. (1996). Estado, Sociedad y Educación en la Argentina de fin de siglo. Buenos Aires: Troquel. Cap. 2.
(10) Para mayor información acerca de los objetivos y alcances del Plan Ceibal, véase:
Presidencia de la República Oriental del Uruguay. (2007, Abril 8). Decreto Presidencial N° 144/007 [On line]. Disponible:
http://www.presidencia.gub.uy/_Web/decretos/2007/04/EC579_18%2004%202007_00001.PDF
Plan Ceibal. S/D. Objetivos [On line]. Disponible:
http://www.ceibal.org.uy/index.php?option=com_content&view=article&id=44&Itemid=56
(11) Redeco Alternativo. (2010, Julio, 8). La trampa del doble booteo en el Plan Conectar Igualdad [On line]. Disponible: http://www.redeco.com.ar/nv/index.php?option=com_content&task=view&id=3797&Itemid=40
(12) Kurbalija, J. y Gelbstein, E. (2005). “Gobernanza de Internet: Asuntos, actores y brechas”. Malta: DiploFoundation y Sociedad para el Conocimiento Mundial (Eds.). Pág. 24. Esta noción no debe confundirse con la de “neutralidad de la Internet” en tanto que la segunda hace referencia a la tecnología como derecho público, lo que, puntualmente, significa que todos los contenidos tienen la misma prioridad de tráfico.
(13) Premici, S. (2010, Abril, 12). Las empresas que ganan con las laptops educativas [On line]. Página 12, Economía. Disponible: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-143730-2010-04-12.html
(14) Programa Conectar Igualdad. S/D. Prensa. Las Netbooks de Conectar Igualdad tienen software libre [On line]. Disponible: http://conectarigualdad.gob.ar/prensa/soft-libre.php
(15) iProfesional.com. (2010, Septiembre, 8). El software libre sumó a Aníbal Fernández como su impulsor dentro del Estado [On line]. Disponible: http://www.iprofesional.com/notas/103929-El-software-libre-sumo-a-Anibal-Fernandez-como-su-impulsor-dentro-del-Estado.html
(16) Levis, Diego (2007). “Enseñar y aprender con informática/ enseñar y aprender informática. Medios informáticos en la escuela argentina”. En Cabello, R. y Levis D., (Eds.), Tecnologías informáticas en la educación a principios del siglo XXI. Buenos Aires: Prometeo. Pág. 25.
(17) Dussel, I. y Quevedo, A. (2010). “Educación y nuevas tecnologías: los desafíos pedagógicos ante el mundo digital”. Buenos Aires: Santillana. Cap. 3. Pág. 54.
(18) Op. Cit.
(19) SoLAr. (2004, Octubre, 18). Institucional. Principios de SoLAr [On line]. Disponible: http://www.solar.org.ar/spip.php?article173
(20) SoLAr. (2010, Junio, 11). Institucional. Motivos por los cuales las computadoras del plan Conectar Igualdad deben utilizar exclusivamente Software Libre [On line]. Disponible: http://www.solar.org.ar/spip.php?article774
(21) Belkin, S. y Heinz, F. S/D. “Software Libre y Software Privativo – Dos modelos de enseñanza”. Copyleft, bajo licencia GFDL. En Educ.ar- El portal educativo del Estado argentino [On line]. Disponible: http://www.educ.ar/educar/software-libre-y-software-privativo--dos-modelos-de-ensenanza.html.
(22) En el texto fuente (Op. Cit.), los autores sostienen que cada tipo de software implica un modelo de enseñanza radicalmente diferente y contradictorio. En dicha fuente se enumeran las principales características de cada uno de los dos modelos. El cuadro que hemos confeccionado para el presente trabajo resume algunas de dichas características y las agrupa en relación a los distintos tópicos que se desprenden del planteo de los autores, a los fines de esquematizar y exponer las contradicciones.
(23) Premici, S. (2010, Abril, 12). “Un Estado no puede quedar sujeto a una empresa” [On line]. Página 12, Economía. Disponible: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/subnotas/143730-46194-2010-04-12.html
(24) Honorable Cámara de Diputados de la Nación. (2010, Abril, 8) Proyecto de Ley Expte. 1905-D-2010 [On line]. Disponible: http://www1.hcdn.gov.ar/proyxml/expediente.asp?fundamentos=si&numexp=1905-D-2010
(25) Educ.ar. (2004, Julio, 15) Debates: Campaña Nacional de Alfabetización Digital. [On line]. Disponible http://portal.educ.ar/debates/sociedad/brecha-digital/campana-nacional-de-alfabetizacion-digital.php
(26) Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología. Presidencia de la Nación, (Mayo 2006). Documento para el debate. Ley de educación Nacional: hacia una educación de calidad más justa para todos. [On line]. Disponible: http://debate-educacion.educ.ar/ley/documento_base.php
(27) A modo de ejemplo, rastreando en las diferentes plataformas, encontramos que el Canal Encuentro “trabaja en la construcción de ciudadanía” y que la Campaña de Inclusión Digital contribuye a la “incorporación de la juventud en el mundo del trabajo”, según sus propios manifiestos.
(28) iProfesional.com. (2010, Septiembre, 8). El software libre sumó a Aníbal Fernández como su impulsor dentro del Estado [On line]. Disponible: http://www.iprofesional.com/notas/103929-El-software-libre-sumo-a-Anibal-Fernandez-como-su-impulsor-dentro-del-Estado.html
(29) Levis, Diego (2007). “Enseñar y aprender con informática/ enseñar y aprender informática. Medios informáticos en la escuela argentina”. En Cabello, R. y Levis D., (Eds.), Tecnologías informáticas en la educación a principios del siglo XXI. Buenos Aires: Prometeo. Pág. 23.
(30) Heinz, F. (2006). “¿Qué tiene que ver Software Libre con educación?” S/D. Fundación Vía Libre. Pág. 2.
(31) Besada, P. y Mernies, R. (2010, Marzo, 14). Plan Ceibal. La hora de los maestros [On line].El País, Nacional. Disponible: http://www.elpais.com.uy/100314/pnacio-476598/nacional/plan-ceibal-la-hora-de-los-maestros
(32) Heinz, F. (2006). ¿Qué tiene que ver Software Libre con educación? S/D. Fundación Vía Libre. Pág. 2.
(33) Op. Cit. Pág. 1.

viernes, 29 de octubre de 2010

Llorar de amor

Viernes 29 de Octubre. Néstor Kirchner murió antes de ayer. Yo tenía mi cabeza llena de otras cosas: exámenes para rendir, mi sobrina a punto de venir al mundo. En ese momento, no había llegado a procesar las imágenes y las voces. Miércoles a la mañana, por motivos que no tienen nada que ver con esto, pasé la noche casi sin dormir. Me pareció que había sido de madrugada cuando sonó el teléfono. Yo no atendí. “Cinco minutos más, que atienda otro.” “Murió Kirchner”, alcancé a escuchar. Lo primero que pensé fue “inverosímil”, “es mentira”, “qué fanático jode a esta hora de un día feriado para decir semejante pelotudez”. Pero no pude resistirme. Me levanté. Encendí la tele y los medios apenas se animaban a confirmar la noticia. Más tarde, como si fuera en cadena nacional. Era verdad.
Jueves todo el día, miles de personas haciendo cola para entrar en la casa rosada. Una vieja se descompensó. Los chicos se acercan llorando para tocar el ataúd. Maradona. Tinelli. Amarillismo y luto. Una señora hizo diez horas de cola para agradecerle porque no le habían rematado su casa. Otro por la ley de celíacos. Otro por el matrimonio igualitario. Asueto y duelo en la facultad. Del otro lado, decenas de mails proponiendo teorías del complot. “Se pegó un tiro, no, lo mató Magnetto, se peleó con Moyano, era borracho, otro Yabrán…” Qué antagónico. Entrego mi parcial. Suena mi celular: está por nacer Vicky. Cómo tarda el 65. Me tomo un taxi. Tienen fama de fachos los taxistas, pero no. Éste no lo era. Lloraba. Lloraba escuchando a Fontova por Radio Nacional.
Este tipo despertó pasiones y antagonismos. Eso seguro. Hay sentimientos. De un lado y del otro.
Pero, ¿cómo se hace?
Odié a Perón. Odié a Perón porque nos domesticó. Nos dijo “el pueblo siempre tiene la razón” para después chistarnos “de casa al trabajo y del trabajo a casa”. Pero hay que reconocerle, está vivo. ¿Cómo lo hizo?
Puta madre, ¿cómo nace semejante mito? Y lo más importante, ¿cómo lloran las personas a un ex presidente como si fuera un ser querido? ¿Cómo se construyen identidades colectivas, subjetividades tan fuertes, tan perdurables en la política? ¿Qué papel juegan los afectos?
Tengo la obligación, deontológica casi diría, de saberlo.
¿Cómo era…? Encontré esto que había escrito alguien hace unos años. Y tuvo la buena idea de compartirlo:

“La pregunta es: ¿cómo se produce el efecto de creencia ideológica que permite la identificación con una causa? (…) Lo que está en juego en el campo del discurso no es sólo la coherencia simbólica o la clausura del significado, sino que lo que permitiría la identificación socio-política es el hecho de que los discursos proporcionan al actor social una forma de goce. A partir de estos planteos trataremos de dilucidar el rol que juega la dimensión afectiva en la construcción de las identidades políticas.
[Empecemos por el principio:]

“Con la división del trabajo los sectores liberados de la tarea de producir los medios necesarios para satisfacer sus necesidades tienen la posibilidad de forjarse una imagen del lugar que ocupan en el mundo y de sus relaciones con los otros. Pero estas representaciones resultan distorsionadas dado que se forjaron con independencia de las condiciones materiales de existencia. “Ellos no lo saben, pero lo hacen” –dice Marx.

“Zizek se va a preguntar dónde radica el carácter ideológico de nuestras creencias, si en el “saber” o en el “hacer”. Invirtiendo el punto de vista “habitual” que ubica lo ideológico en el saber (“no lo saben, pero lo hacen”), sigue a Althusser cuando propone pensar que lo ideológico estaría operando en las prácticas mismas. Las prácticas que desarrollamos cotidianamente para producir nuestra vida, incluido el modo en que intercambiamos mercancías no se altera por el hecho de “saber” cuál es su funcionamiento. “Ellos lo saben, –dice Zizek– pero aún así, hacen como si no lo supieran”

“Dijimos antes que Marx explica el hecho de que las condiciones materiales se expresan de un modo “distorsionado” en la ideología. Para Althusser no son las condiciones materiales las que se expresan en la creencia ideológica, sino la relación imaginaria que mantenemos con dichas condiciones. Vivimos en la ideología. Lo que se nos escapa es el “mecanismo” mediante el cual llegamos a creer en esto o aquello (su propio funcionamiento). Nos reconocemos como los autores de nuestra creencia, pero desconocemos el proceso inconsciente por el cual la creencia nos constituye como sus sujetos.
“Althusser afirma que lo que asegura el funcionamiento de la ideología es su estructura en forma de espejo. (…) Ahora bien, la interpelación siempre es en nombre de un Sujeto (con mayúscula) que es quien dirige el llamado. El individuo debe reconocer que es a él al que se le dirige el llamado, debe identificarse como su destinatario. Pero al mismo tiempo debe identificarse con alguna característica o rasgo del Sujeto que formula el llamado para poder tomar a su cargo el mandato: debe “poder contemplar” su propia imagen en el Sujeto para identificarse con la Causa que le ofrece. Esta estructura especular garantiza que los sujetos se sometan “libremente” a las órdenes del Sujeto y que asuman el “papel” de sujeto ideológico.

“Como vimos, la ideología interpela al individuo constituyéndolo como sujeto, y de este modo le brinda las “razones” para asumir las tareas que le corresponden desarrollar en función del lugar que ocupa en la división técnica y social del trabajo. Para que un individuo se reconozca como sujeto en el discurso ideológico debe figurar él también “en persona” entre los significantes del discurso. Debe “poder verse” en el discurso de la interpelación. Así se produce el “efecto de reconocimiento” mediante el cual el sujeto asume como propio un discurso “que le viene de afuera”. Pero aquí se produce automáticamente un cierto “desconocimiento”. En el momento en el que el individuo interpelado se reconoce como sujeto en el discurso ideológico, “desconoce” que es ese mismo acto de reconocimiento lo que hace de él aquello en lo que se ha convertido. Pasa por alto que él es el resultado de un proceso, y de este modo, cae en la ilusión de ponerse como autor de “su” discurso, creyendo encontrar en sí mismo el origen de sus palabras y las razones que las sostienen (“yo sé muy bien lo que digo”).
“Para Althusser lo que se expresa en la creencia ideológica es la relación imaginaria que mantenemos con las condiciones de existencia. No hay una realidad anterior a “la realidad”, y lo que llamamos “la realidad” se constituye en y por la ideología. El sujeto se integra a una cierta “realidad” a partir de la internalización de la estructura doblemente especular de la ideología y del juego de identificaciones con la propia imagen y con la imagen del Sujeto que le devuelve el discurso ideológico. Esta integración, como vimos, se realiza de manera plena. Ahora bien, la distinción entre “la realidad” y “lo Real”, le permite a Zizek afirmar, por contrario, que la “internalización” nunca se logra plenamente. Sin embargo, lejos de obstaculizarla, la falla [en la interpelación] es la condición misma de la plena sumisión del sujeto. (…) El sujeto aparece en el discurso ideológico representado por un significante que connota un conjunto de propiedades supuestamente “reales” en las que se reconoce. Ahora bien, la ilusión correspondiente al proceso de la interpelación consiste –dice Zizek– en una “inversión” mediante la cual el sujeto asume esas propiedades supuestamente “reales” como reales (como propiedades intrínsecas, inseparables de su ser).
“En realidad es el sujeto el que presupone al Sujeto como Absoluto en el momento de aceptar su sujeción, lo hace existir como tal. De este modo, el sujeto siempre logra su identidad a través de una nominación radicalmente contingente y mediante la fijación a un significante, carga un mandato que es arbitrario. De este modo, el sujeto se enfrenta a un interrogante: “¿por qué soy lo que se supone que soy, por qué tengo este mandato?” (“¿por qué soy… un maestro, un amo, un rey, [y yo agregaría: un militante]?”). El sujeto es atrapado por el Sujeto mediante un secreto que se supone está oculto en él. Por supuesto, a pesar de las “razones” y la coherencia simbólica que pueda ofrecer el discurso ideológico, el Sujeto no tiene la respuesta para esta pregunta. De la operación de interpelación queda un residuo de “sin sentido” que no se integra al sentido ideológico. Este “plus” –dice Zizek— es lo que sostiene la dimensión afectiva, de goce, propia de la ideología. Según Braustein el goce remite a la experiencia originaria y mítica de satisfacción plena a la que se debió renunciar tras el ingreso al lenguaje. El deseo, entonces, puede ser pensado como el “motor” que reanima constantemente el recuerdo de esa vivencia fundamental.
[Pero…] ¿Deseo de qué? [De reconocerse como completo, de pertenecer a algo] de recuperar la plenitud.

“Retomemos lo que decíamos sobre el resto de “sin sentido” que sostiene la dimensión de goce propia de la ideología. Este resto, dice Zizek, “abre el espacio para el deseo y hace al Otro (el orden simbólico) incongruente”. (…) Frente a la pregunta “¿qué que quiere el Otro” (“Che vuoi?”) y la incapacidad de traducción de ese deseo del Otro en un mandato con el que identificarse, el sujeto recurre a un argumento imaginario que llena esa brecha. Zizek encuentra aquí el papel de la fantasía. La fantasía es una “pantalla” que ocupa/oculta el lugar que falta en el orden socio-simbólico y por lo tanto permite reintegrar imaginariamente el goce perdido. (…) Pero los argumentos que la fantasía ofrece son representaciones imaginarias de la relación con la experiencia de plenitud, nunca coincide con la experiencia misma.
“En En torno a lo político, Mouffe discute con quienes desde una visión pospolítica defienden una forma consensual de democracia y se niegan a reconocer la dimensión antagónica constitutiva de lo social. El deseo de una sociedad “reconciliada”, “más allá del antagonismo”, “revela una falta total de comprensión de aquello que está en juego en la política democrática y de la dinámica de constitución de las identidades políticas”. Para Mouffe, la naturaleza de las identidades colectivas implica que siempre haya una discriminación entre nosotros/ellos. No se trata de superar la confrontación mediante el consenso, sino de construir política democrática en términos de confrontación entre “adversarios”. Considera crucial desentrañar el papel que juegan las pasiones en la política, (…) donde la confrontación adquiere la forma amigo/enemigo y el oponente pasa a ser percibido como un enemigo que debe ser destruido. Zizek nos permite pensar además que el discurso de la anti-política reintegra imaginariamente algo del goce perdido bajo la creencia de que la completud de la sociedad se alcanza “eliminando” al otro que no nos permita ser plenamente nosotros mismos.
“(…) Pero hay algo que se pasa por alto y que es el carácter inerradicable de la dimensión conflictual de la vida social.”



Vuelvo a Perón. Decía Daniel James, si mal no recuerdo, que el peronismo es la inversión de la jerarquía social, es el acto herético de ocupar los espacios públicos, la aceptación gozante de una puesta en escena artificial de la actividad política. El peronismo inviste al sujeto político de una profunda afectividad. Lo reconoce, lo ama, lo reivindica y reafirma sus valores “plebeyos” como estilo de vida. Le devuelve como un espejo la imagen que él mismo tiene de sí. Reclama su derecho al ascenso social pero a la vez lo domestica y lo subsume. Es profundamente anti- Revolucionario, creo. El peronismo nunca pudo haber existido sin el conservadurismo degradante de los años 30. Como el kirchnerismo no hubiera sido lo que es, valga la redundancia, sin el neoconservadurismo neoliberal de los 90.

Murió Kirchner. Rico. Soberanamente millonario. Rodeado de gente valiosa que lo llora, pero también de burócratas asesinos.

Nació Vicky. Y yo sí, hoy, y por eso, creo que vale la pena llorar de amor.

(Gracias, Ernesto.)

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Bibliografía:

Schtivelband, E. (2008). "El papel de los afectos en la construcción de las identidades políticas". Buenos Aires. Mimeo.

lunes, 11 de octubre de 2010

Qué dicen los ganadores del Nobel de economía

Contextualizando el pensamiento
McCall caracterizó la decisión de la búsqueda del trabajo en términos de salario de reserva, es decir, el salario más bajo que el trabajador está dispuesto a aceptar. La estrategia óptima del trabajador es simplemente rechazar cualquier oferta del salario más baja que dicho salario, y acepta cualquier oferta superior.
El salario de reserva puede cambiar en un cierto plazo si algunas de las condiciones asumidas por McCall varían. Por ejemplo, un trabajador que no puede encontrar un trabajo por un largo período de tiempo pudo perder habilidades, en cuyo caso conseguirá peores ofertas. El salario óptimo de reserva del trabajador declinará en un cierto plazo. Por el contrario, el salario de reserva también declinará en un cierto plazo si el trabajador recibe gradualmente dinero mientras busca empleo. El salario de reserva también diferenciaría a dos trabajos de diversas características; es decir, funcionará como diferencial que compensa entre diversos tipos de trabajos. Asimismo, una mayor variación en las ofertas puede hacer prolongar la búsqueda ya que el trabajador tendrá esperanzas de recibir una oferta más alta.
Mc Call equipara el proceso de búsqueda laboral a la experiencia en un casino: cuanto más tiempo se pase jugando ante una máquina tragamonedas, más se aprenderá sobre la distribución de recompensas que ésta ofrece.

Por qué los premiaron
Desde los años 90, muchos economistas han estado trabajando para integrar la búsqueda laboral en un modelo teórico macroeconómico. Mortensen, Diamante y Pissarides desarrollaron su análisis de los mercados de búsqueda laboral imperfectos y difundieron la llamada “teoría del emparejamiento”, en cuyo marco la tarifa en la cual se forman los nuevos trabajos influye en las decisiones de la búsqueda de los trabajadores y en las decisiones de las firmas a ofertar nuevas vacantes del trabajo. La clave está en que el proceso de búsqueda involucra unos costos de tiempo y dinero que impiden que oferta y demanda se correspondan, lo que genera imperfecciones. Este argumento respalda a su vez la hipótesis de que al haber un solo resultado que se pueda considerar como el mejor (encontrar empleo por sobre el salario de reserva), el Estado tienen la potestad de buscar la forma y manera con las que limar las imperfecciones del mercado laboral. Los investigadores diseñaron un modelo matemático llamado DMP (por las iniciales de cada uno) que incorpora las características del mercado laboral (nivel de salarios, existencia de seguro de desempleo, tipo legislación laboral) para obtener indicadores y predecir la evolución futura de las tasas de desempleo.
Una de las conclusiones a las que arriban, siguiendo a Mc Call, es que un sistema de cobertura social "generoso" para quien ha perdido el empleo tiende a elevar el desempleo y aumenta la cantidad de llamados “parados de larga duración”.

Guarda con lo que premian.

Menos información en:

http://www.elpais.com/articulo/economia/Nobel/Economia/premia/estudiosos/desempleo/elpepueco/20101011elpepueco_6/Tes

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1313878

jueves, 16 de septiembre de 2010

Correspondencia, Reproducción y Resistencia. Tres modelos de análisis crítico de la Sociología de la Educación.

El presente trabajo tiene como propósito describir y hacer dialogar entre sí a los modelos de análisis crítico de la Sociología de la Educación que más influencia han tenido en la segunda mitad del siglo XX. Para tal fin, y basándonos en la modalidad de investigación propuesta por Julia Varela, concebimos una primera clasificación en tres grupos:

- Las Teorías de la Correspondencia: aquellas que describen las funciones que desempeña la escuela como estrechamente ligadas a las exigencias del capitalismo occidental, es decir, como dispositivo funcional a las exigencias de la división social del trabajo.

- Las Teorías de la Reproducción: constituyen propuestas teóricas que agregan a la anterior nuevas categorías de análisis relativas a formas de mediatización, las cuales permiten explicar de qué manera la institución escolar contribuye a la reproducción de las estructuras sociales.

- Las Teorías de la Resistencia: introducen aspectos productivos que conciben a los sujetos como objetos de las estrategias de poder al mismo tiempo que les atribuyen gestos de resistencia a la reproducción.

1) Teorías de la Correspondencia.

Si bien Althusser concede al nivel superestructural –dentro del cual se encuentra la escuela- una relativa autonomía respecto de la estructura material, en toda su teoría esta institución permanece estrechamente ligada al modo de producción económica. Para este autor, la escuela ocupa un lugar fundamental en la reproducción de las relaciones sociales de producción en la medida en que conduce a los alumnos a marchar hacia su destino de clase, dado que los contenidos y prácticas que se desarrollan en la escuela distorsionan la percepción de las condiciones reales en las que éstos viven. Funciona mediante procedimientos sutiles, pero más eficaces que la violencia física, de los cuales se vale para interpelar y adoctrinar a los sujetos, reforzando su sometimiento ideológico y asegurando la interiorización de normas y valores de la clase dominante. En tal sentido, la ideología es concebida como una fuerza de constitución de identidades subjetivas más que como una falsa conciencia de la realidad.
Baudelot y Establet, discípulos de Althusser, intentan explicar de qué manera el sistema escolar encubre esta relación de dominio favoreciendo ciertas representaciones ideológicas. Para ello, se proponen desenmascarar a la que teóricamente es una “escuela única” por medio de la denuncia de lo que sería su verdadera finalidad. El objetivo de la escuela para estos autores consiste en segregar a los que pasan por ella de acuerdo con el principio de lo que en realidad son dos redes escolares correspondientes con la división tradicional capitalista entre trabajo manual y trabajo intelectual. En la red primaria- profesional, las prácticas escolares se caracterizan por la repetición y la orientación al estudio de lo concreto, dirigiendo la atención de los alumnos hacia lo práctico y lo tangible, transmitiendo nociones generales y básicas. Por el contrario, las prácticas de la segunda red, la secundaria- superior, se basan en el culto a la abstracción y en la división del saber en disciplinas. Esta clasificación tiene su correlato en el plano lingüístico y en el plano mental en general: en la primera se practica un realismo concreto que conduce a la adquisición de competencias simples a nivel del lenguaje, mientras que en la segunda se practica un racionalismo idealista que involucra habilidades lingüísticas más complejas. La aplicación de estos dos niveles -con evidentes intensidades desiguales- conduce a producir proletarios sometidos, por un lado, y agentes activos de la ideología dominante, por el otro.
Bowles y Gintis afirman que la escuela no produce por sí misma un mayor grado de desigualdad, sino que más bien refuerza un patrón pre- existente en la esfera económica. Para ellos no es la ideología sino la experiencia cotidiana de escolarización, en la que se viven determinadas relaciones sociales, la que juega un papel fundamental. En este sentido, las dinámicas internas a la escuela son isomorfas a las exigidas dentro del mundo del trabajo. Ambas involucran un sistema meritocrático como piedra fundamental de construcción para la competitividad laboral institucionalizada. Del mismo modo que en la empresa, el sistema escolar premia determinadas aptitudes y cualidades que caracterizan al “buen estudiante”: sumisión y obediencia en los niveles primarios; iniciativa y autonomía en el marco de determinados objetivos, en los niveles superiores. En la medida en que se asciende en este sistema se vuelven más frecuentes las actitudes auto-reguladoras de los individuos. Las credenciales educativas que otorga el sistema son las adecuadas a las exigencias del mercado laboral y, en consecuencia, las sucesivas reformas educativas no son otra cosa que “ajustes” que las acondicionan a lo que en ese momento histórico demanda el modelo productivo.
La crítica que las teorías reproductivistas realizan a estos modelos consiste en que no han tenido en cuenta suficientemente los procesos mediadores que operan en la dinámica entre las instituciones educativas y la base económica.

2) Teorías de la Reproducción.

Bourdieu y Passeron conceden una mayor autonomía al mundo de lo simbólico respecto de la concepción althusseriana. La conclusión de ambos es que las instituciones educativas están estructuradas para favorecer a aquellos alumnos que ya poseen un capital cultural, es decir, no hacen más que “elegir a los elegidos”. El concepto mediador fundamental que introduce Bourdieu es el de hábitus, el cual permite ligar las estructuras sociales con las estructuras mentales individuales. Consiste en un sistema de disposiciones durables y transferibles como base generadora de prácticas estructuradas y esquemas perceptivos objetivamente unificados, el cual está en interacción con determinadas condiciones históricas objetivas de existencia y es producto de la incorporación de relaciones específicas de poder. El hábitus se adquiere en la familia, demanda involucrarse en con un determinado estilo de vida, implica determinadas formas de percibir el mundo y de pensar, valorar, actuar y sentir en consecuencia. Todo ello está ligado a la posición del sujeto en la estructura social.
Al reforzar el hábitus, la escuela reproduce las desigualdades sociales, las vuelve legítimas. Y en este punto juega un papel muy importante la concepción que los autores tienen de la “cultura oficial” que constituye el capital cultural en pugna dentro de un campo, el objeto de lucha del que se busca apropiarse. Este capital es el que la escuela pretende transferir en régimen de igualdad, pero lo hace de una manera falaz: traduce las desigualdades de clase en diferencias individuales de talento y de capacidad, cuando en realidad se trata, para estos autores, de maneras desiguales de apropiarse de dicho capital. En este proceso, la escuela ejerce sin duda una violencia simbólica porque impone a los dominados un arbitrario cultural que concuerda con el capital cultural que ya poseen los más favorecidos. Como resultado, los primeros deben transformar su capital cultural de origen por el “legítimo” ó escolar, mientras que los segundos sólo deben reforzarlo. Así, los estudiantes de las clases menos favorecidas económicamente se ven expulsados del sistema, paradójicamente, por medio de la acción pedagógica y con frecuencia también por auto- exclusión, en tanto que el reconocimiento del saber legítimo implica como condición un desconocimiento de todo lo adquirido previamente.
Es la aparente autonomía de la escuela el artilugio que le permite disimular las funciones de reproducción y aparecer como una institución neutra y universal.
El aporte de Bernstein desde los años ´60 consiste principalmente en otro concepto mediador, el de código, al cual define como un principio regulador que se adquiere tácitamente en las formas de socialización que tienen lugar en las comunidades primarias de origen. Los códigos sirven apara posicionar a los sujetos en forma desigual dentro de la estructura social, al mismo tiempo que suponen una relación específica con el lenguaje. Aquí es necesario aclarar que Bernstein parte del supuesto de que las capacidades lingüísticas están per se disponibles a todas las clases sociales. Sin embargo, la escuela induce principios que regulan la selección y la realización de las significaciones, transformando ese código en un “código elaborado” que orienta hacia significaciones universalistas, es decir, poco relacionadas al contexto material. De ahí que Bernstein entienda la lógica del fracaso escolar entre los estudiantes de las clases menos favorecidas.
Este modelo de análisis ha sido redefinido posteriormente por el propio autor, desplazando su interés hacia los dispositivos de control y principios de distribución del poder. Siguiendo esta lógica, establece una distinción entre pedagogías visibles y pedagogías invisibles.
Hay otros dos conceptos importantes en Bernstein:
- la clasificación separa lo que es legítimo de lo ilegítimo, establece fronteras entre las diferentes categorías, ya se trate de la división del trabajo, de la división entre sexos ó de la división entre las diferentes disciplinas curriculares. Oculta la naturaleza arbitraria de las relaciones de poder al hacer que las identidades de estas categorías y que el orden en general aparezcan como naturales. El principio de clasificación tiene dos trayectorias: una externa, que reenvía a la naturaleza del espacio social, y otra interna, que estructura un orden mental a modo de defensa contra todo aquello que pueda debilitar y manifestar contradicciones.
- el marco involucra el modo como se ejerce el control sobre la comunicación en las relaciones pedagógicas locales y remite a la forma en que se adquiere un mensaje legítimo; reenvía a reglas de orden social y discursivo, define las jerarquías de la relación pedagógica y las formas de conducta esperables contextualizadas en esa modalidad de vinculación.
Bernstein afirma que el silencio del alumno perteneciente a la clase económicamente desfavorecida obedece a una desigual distribución de las reglas de reconocimiento que lo hace consciente de las relaciones de poder y de las relaciones entre categorías en las que está inmerso. El alumno es incapaz de decir el “texto legítimo” porque no ha podido adquirir el código pedagógico ofrecido por la escuela, pero sí se ha situado a si mismo en el lugar que le asigna sus sistema clasificatorio. La escuela es entonces para él una experiencia traumática de las relaciones de poder.
Al identificar mediadores y conceder un autonomía relativa al campo de la cultura, los autores mencionados intentan evadir la posibilidad de una reacción mecánica entre la estructura socio- económica y el ámbito escolar. Hay un punto débil en estas teorías que podría localizarse en la posibilidad de cambio social a la que estos modelos teóricos remiten (en la medida en que el hábitus y la condición social objetiva que lo genera no coinciden plenamente, hay espacio potencial para la transformación); sin embargo, como afirma Varela, no se ve claramente cómo estos cambios puedan modificar la concepción capitalista de la división social del trabajo.

3) Teorías de la Resistencia

La Escuela de Birmingham, difusora de la corriente de los Estudios Culturales, en su faceta sociológica nos ofrece una perspectiva que concede el status de culturas a todos los sistemas simbólicos subalternos y rechaza la visión legitimista que concibe a la clase subalterna como pasiva de una todopoderosa ideología. Como parte de esta tendencia, Willis niega las concepciones más deterministas y mecánicas que fueron expuestas en las teorías anteriores. Parte del reconocimiento de la existencia de diversidad, lucha de clases y contradicciones en el campo cultural, así como de la necesidad de identificar los procesos por los cuales cada grupo social desarrolla sus propias formas culturales. Este concepto lo traslada al ámbito específico del aula y focaliza su interés en las formas de resistencia que los grupos de estudiantes miembros de las culturas no dominantes viven en el transcurso de su proceso de socialización escolar. Esta cultura de grupo les permite adquirir una identidad no totalmente devaluada, es decir, auto- percibirse como poseedores de cierto poder y control sobre su propia experiencia, en confrontación permanente con un autoridad a la que perciben como arbitraria, a un saber que se autoproclama como legítimo y propone un corpus de conocimientos desligados de las prácticas sociales, y a un sistema de evaluación que niega sus condiciones de vida.
Sin embargo, para Willis, estas culturas de resistencia son con frecuencia capturadas por las instituciones para luego ser deslegitimadas. Del mismo modo, resulta paradójico cuán funcionales son estas dinámicas de resistencia al modo de producción capitalista en la medida en que favorecen la reproducción. Lo hacen promoviendo una orientación voluntaria hacia la subalternidad: los jóvenes de la clase obrera se auto- expulsan del seno de la escuela para reproducir a la misma clase obrera. Estos grupos –dice Willis- no pueden percibir que sus propios códigos internos son también normativos, por lo que no logran una articulación adecuada de sus resistencias.
Para las teorías reproductivistas, estos enfoques basados en las resistencias carecen de elementos conceptuales que permitan hilvanar los procesos educativos con los procesos sociales generales.
Finalmente, el modelo de análisis genealógico de Foucault viene a reivindicar -retomando en este punto a Weber, Marx y Durkheim- la necesidad de introducir la dimensión histórica en el análisis de los procesos de conformación de las instituciones con el fin de poner al descubierto la lógica interna que da origen a sus transformaciones. La postura de Foucault marca una ruptura con las concepciones dicotómicas dominante/ dominado que presuponen estructuras sociales estáticas. Al igual que los reproductivistas, Foucault vuelve a otorgar importancia a los procesos mediadores, pero su punto de partida son los procesos microfísicos que le permiten llegar a un grado general de interpretación y descubrir las interdependencias entre los distintos niveles institucionales. Como Willis, jerarquiza aquellos saberes tradicionalmente sometidos ó excluidos y focaliza el análisis desde la perspectiva de quienes sufren los efectos del poder.
En este marco, el autor intenta explicar las transformaciones producidas en el s XVIII imbricando la noción de poder en el proceso de constitución de saberes disciplinarios, en la instauración del orden burgués y en la formación de nuevas formas de subjetivación que constituyen la emergencia de una nueva figura, el individuo, en contraposición con la multitud –ya que no se puede hablar aquí de “masa”. Esta economía del poder está destinada a conformar sujetos cuyos cuerpos y gestos han de ser adiestrados para resultar dóciles y útiles al sistema mediante el uso de tecnologías y procedimientos específicos. La lógica de la mencionada concepción, análoga a la de la fábrica, postula que es más rentable vigilar y normalizar que reprimir y castigar, mientras que intrduce una nueva organización del espacio, del tiempo y de las actividades, que adoptan una forma seriada y analítica.
Del mismo modo en que lo hizo Durkheim a fines del siglo XIX, pero con un propósito diferente, Foucault se interesó por el funcionamiento de los colegios jesuitas como instituciones en las cuales se gestaron estos dispositivos de poder disciplinario.
El sujeto foucaultiano es un cuerpo- segmento moldeado, articulable en un conjunto social más amplio, producido por un nuevo arte de organizar y distribuir que exige de él el máximo rendimiento y previene al mismo tiempo la formación de aglomeraciones peligrosas e indeseadas dentro del sistema. La lógica del poder no demanda sujetos pasivos, como se le ha criticado a las Teorías de la Correspondencia, sino su participación activa en los mecanismos que les permiten ser investidos, transformados y utilizados por las tecnologías precisas de gobierno funcionales a la dominación. Tal es el papel productivo –y no reproductivo- de la escuela. Estas metas no se han realizado sin resistencias, de ahí que no se puede, siguiendo a Foucault, identificar a la “cultura” con la cultura legítima, como sí lo hace Bourdieu.

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BIBLIOGRAFÍA:

ALTHUSSER, Louis, “Ideología y aparatos ideológicos de estado”, en Escritos, Laia, Barcelona, 1974.
BAUDELOT, Ch. y ESTABLET, R., “La escuela capitalista en Francia”, Siglo XXI, Máxico, 1975.
BERNSTEIN, B., “Clases, códigos y control”, Vol. 1, 2 y 3, Akal, Madrid, 1990.
BOURDIEU, P., “La distinción”, Taurus, Madrid, 1988.
BOURDIEU, P., y PASSERON, J. C., “La reproducción”, Laia, Barcelona, 1977.
BOURDIEU, P., y PASSERON, J. C., “Los herederos. Los estudiantes y la cultura.”, Siglo XXI, 2003.
BOWLES, S., y GINTIS, H., “La instrucción escolar en la América capitalista”, Siglo XXI, Madrid, 1981.
FOUCAULT, M., “Vigilar y castigar”, Siglo XXI, México, 1976.
VARELA, Julia, “Educación (Sociología de la), algunos modelos críticos”, Universidd Complutense de Madrid.
WILLIS, P., “aprendiendo a trabajar”, Akal, Madrid, 1988.

domingo, 22 de agosto de 2010

¡DESPACIO, ESCUELA! Capítulo 1: Dóciles, normalizados y calificados.

La lectura del capítulo "Los medios del buen encausamiento" en “Vigilar y Castigar”, de M. Foucault, nos permite profundizar el concepto de “disciplina” como arte de normalización de conductas y de constituir individuos sociales como objetos e instrumentos de su ejercicio, con atención especial a su funcionamiento dentro del ámbito de la escuela.
Para Foucault, el éxito del poder disciplinario escolar se debe al uso de tres herramientas simples: la vigilancia jerárquica, la sanción normalizadora y la combinación de ambos en un nuevo elemento, el examen.
La vigilancia jerárquica es un dispositivo que coacciona mediante el juego de la mirada, un aparato en el que las técnicas que permiten ver inducen efectos de poder. La arquitectura espacial de los establecimientos educativos es uno de los aspectos en los que han cristalizado estas técnicas inspiradas en el observatorio militar; su disposición estructural ya no habilita, como en la fortaleza, la vigilancia del espacio exterior, sino que también permite observar el espacio interior, principalmente para hacer visibles a quienes se encuentran dentro de él. Los espacios de autoridad y los aposentos en la escuela- edificio del s. XVIII eran dispuestos según esta lógica, en función de los objetivos de educar los cuerpos (imperativo sanitario), asegurar la obediencia (imperativo político), prevenir el libertinaje y la homosexualidad (imperativo moral). Los patios se ubicaron en el centro de las edificaciones, que en su mayoría eran circulares y abiertas hacia el interior. Con frecuencia, las funciones administrativas de dirección eran localizadas en una construcción más elevada. En la escuela moderna, al igual que en la fábrica, todo se ejecuta al toque de campana. La vigilancia jerarquizada, y aún también la recíproca, no son invenciones del siglo XVIII, pero gracias a ellas el poder disciplinario se consagra en un sistema integrado. El poder en este tipo de vigilancia no es poseído como si fuera una cosa ni transferido como una propiedad, funciona como una maquinaria: es absolutamente indiscreto y discreto a la vez. Por un lado, está en todas partes y a la vez alerta, no deja ninguna zona en penumbra y controla incluso a aquellos que ejercen la función de controlar; por el otro, trabaja permanentemente y en gran media en silencio, hace “marchar” un poder relacional que se sostiene a sí mismo. Lo logra, en principio, sin recurrir a la coerción física; es en apariencia no corporal, aunque fabrica “cuerpos dóciles”.(1)
La sanción normalizadora funciona como un pequeño mecanismo penal, es esencialmente correctiva. Reprime un conjunto de conductas desviadas respecto de una regla, entre las cuales reina una verdadera “micropenalidad del tiempo”: ausencias, retrasos, interrupciones, falta de atención, desobediencia, insolencia son automáticamente coartados; pero también los gestos “impertinentes” del cuerpo y la sexualidad en general, a la que entiende como falta de recato e indecencia.(2) La sanción normalizadora opera sobre las fracciones más pequeñas de la conducta y ejerce su función punitiva sobre los elementos que son aparentemente indiferentes a otros sistemas penalizadores más generales en la sociedad.
“Por la palabra castigo debe entenderse todo lo que es capaz de hacer sentir a los niños la falta que han cometido, todo lo que es capaz de humillarlos, de causarles confusión (…) cierta frialdad, cierta indiferencia, una pregunta, una humillación, una destitución de puesto.” (3)
El orden de los castigos disciplinarios en la escuela es particular respecto de otros sistemas penales porque es mixto: proviene de un reglamento artificial que observa a la vez los procesos naturales (exime de la lección a los que todavía no son capaces de aprenderla de acuerdo con la duración del aprendizaje y el nivel de aptitud, por ejemplo). Asimismo, es en buena medida isomorfo a la obligación incumplida: es menos una venganza sobre la ley ultrajada que su repetición, tiende a redoblar su fuerza (repetir insistentemente aquello que se ha omitido o incumplido). En este sentido, castigar es también ejercitar. Por otro lado, el sistema al cual pertenece el castigo disciplinario funciona sobre el doble eje gratificación- sanción (la falta de recompensa constituye también una forma de castigo). Se constituye de esta manera una distribución entre un polo positivo y uno negativo, las conductas recaen en el campo de las buenas o las malas notas y por esta cuantificación económica los aparatos disciplinarios jerarquizan a las “buenas personas” respecto de las “malas”. Esta diferenciación no es sólo de los actos, sino de los individuos mismos, porque atribuye niveles, valores y virtudes. A través de esta medida valorizante introduce la coacción de una conformidad que realizar, pero agrega también un campo de comparación en la medida en que traza una frontera exterior a lo “normal” que diferencia a los individuos entre sí toda vez que instaura una educación en la que rige el principio de estandarización y segregación de lo “anormal”. La única individualización permitida es aquella que introduce una gradación “útil” dentro de la homogeneidad, es decir, la que refiere a los niveles y las especialidades. En este sentido, la penalidad perfecta no sólo controla y disciplina, sino que compara, diferencia jerarquiza y, finalmente, excluye.
El examen es una instancia que combina la jerarquía que vigila con el castigo disciplinario, podríamos decir que constituye una “mirada normalizadora” que permite a la vez calificar, clasificar y castigar con un alto grado de ritualización. En esta ceremonia se consagra una relación de poder que produce la tributación a un saber y la instauración de una verdad, ritual en el que intervienen métodos, roles, juegos de preguntas y respuestas, sistemas de notación y de clasificación. A lo largo del ciclo lectivo, la escuela se constituye en aparato de examen ininterrumpido, una comparación perpetua de cada cual con todos que permite medir y sancionar. El examen es también la forma que garantiza el traspaso de conocimientos del maestro al discípulo pero, paradójicamente, consagra un saber asignado al maestro. La época de la escuela examinatoria inaugura el comienzo de la pedagogía como ciencia.
En resumen, el examen combina el ejercicio del poder con la consagración de un saber:
- Invierte la economía de la visibilidad en el ejercicio del poder: en lugar de emitir los signos de su potencia sobre individuos desconocidos, en el examen el poder constituye al individuo en un mecanismo de objetivación.
- Una vez constituida la individualidad, la introduce en un campo documental que la capta y la inmoviliza de acuerdo con los métodos tradicionales de la administración, registro que sirve para recurrir a él en tiempo y lugar oportunos.(4)
- Hace de cada individuo un “caso” en el sentido científico del término. El conjunto de sus diferencias individuales constituye un objeto para un conocimiento y una presa para un poder. Se le puede medir, describir, normalizar, clasificar, excluir, juzgar y comparar con otros.
El nacimiento de la pedagogía como disciplina coincide con el momento en que se efectúa una inversión del eje político de la individualización. Si, en siglos anteriores, cuanta mayor cantidad de privilegio político se tenía más marcado se estaba como individuo a través de discursos o representaciones, ahora la individualización adopta un trayecto descendente: a medida que el poder se vuelve más anónimo y más funcional aquellos sobre los que se ejerce tienden a estar más fuertemente individualizados. Todas las ciencias con raíz “psico” tienen su lugar en esta inversión histórica de los procedimientos de individualización: está el “loco” ó el “enfermo” más individualizado que el hombre “sano”, el “delincuente” más que el “no delincuente”, el niño más que el adulto. El individuo también es una realidad fabricada por una tecnología específica de poder llamada “disciplina”. El poder no es sólo un efecto negativo que excluye, reprime ó censura, sino que también produce individuos, ámbitos de objetos y rituales de verdad.

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NOTAS:

(1)
Sobre la constitución de “cuerpos dóciles”, ver Capítulo 5 del mismo volumen.
(2)
Es particularmente interesante rastrear con qué intensidad opera en este último aspecto entre los adolescentes de la Escuela Media.
(3)
J.- B. de La Salle, citado por Foucault en el mismo volumen, p. 209.
(4)
Profesores que no cesan de repetir que el examen “es un acto público”, en el sentido más “escribanístico” del término.
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BIBLIOGRAFÍA:

FOUCAULT, M., Los medios del buen encausamiento, “Vigilar y Castigar”, Buenos Aires, siglo XXI.

sábado, 12 de junio de 2010

Relativistas y Legitimistas. Una salida a la discusión.

El consumo cultural en las clases populares. El debate teórico.

“El problema no es solamente qué hacen los sujetos con los objetos, sino qué objetos están dentro de las posibilidades de acción de los sujetos. Esos objetos establecen el horizonte de sus experiencias que son la conjunción variada del encuentro de una cultura con los objetos de otras culturas, de viejos saberes con saberes nuevos, de privación simbólica y de abundancia” (B. Sarlo)

El problema que la afirmación de Beatriz Sarlo plantea en relación los consumos y gustos populares nos remite a la discusión teórica entre la corriente relativista y la legitimista en torno de las formas de construir conocimiento sobre de las prácticas culturales de un “otro”. Para desarrollar esta cuestión, resulta útil retomar las críticas que Grignon y Passeron realizan a ambos modelos. Para los autores, el problema reside en las manifestaciones extremas de cada uno de ellos: el relativismo en su máxima expresión es un “populismo” porque concibe a la cultura popular como una propuesta espontánea de valores autónomos; mientras que el legitimismo tiende a exagerar la incidencia que las relaciones de poder tienen en los consumos culturales de las clases subalternas, es “miserabilista” porque homogeneíza al dominado desde la perspectiva especular del dominante. Lo que no se encuentra en esta analogía es percibido “como un conjunto de indiferenciado de carencias desprovisto de referencias propias” que da cuenta ilusoriamente de una ausencia de cultura. (GRIGNON y PASSERON, 1991)

El corpus teórico legitimista propone un esquema de análisis cuyas categorías centrales son la noción de campo, capital y hábitus. Bourdieu caracteriza al campo como un sistema de relaciones dentro del cual se da una disputa por la apropiación de un determinado capital que aseguraría una posición dominante en un momento dado. Así, al interior de un campo, los diversos agentes pueden adoptar posiciones de ortodoxia o herejía con respecto a las reglas que dentro de él funcionan. Para este autor, el sistema se reproduce en el consumo porque en el discurrir de esta disputa los sujetos van internalizando ciertas disposiciones que constituyen esquemas de pensamiento y de acción, un hábitus que los conduce a comportarse de la misma manera con una mayor probabilidad estadística.
La concepción legitimista no admite el reconocimiento de una cultura popular autónoma: en última instancia sólo existe una cultura -que es la dominante, porque define cuáles son las opciones válidas- y las posibilidades de acción de los sujetos no hacen sistema a modo de contra- cultura porque están siempre restringidas. (BOURDIEU, 1979- 402)
Desde esta perspectiva, el gusto de las clases dominantes es un gusto de libertad que habilita la distinción de consumos segmentados, mientras que en los estratos medios localizamos un gusto de pretensión. En la base de la pirámide social, nos encontramos con un gusto funcional caracterizado por la respuesta mecánica a un sistema de restricciones -a la urgencia de la necesidad.

En el lado opuesto de esta discusión, De Certeau reivindica a la cultura popular como una actividad productiva. Afirma que el consumo en las clases dominadas constituye un juego que busca permanentemente subvertir las estrategias del fuerte –quien puede planificar, imponer las reglas y delimitar el lugar. Los dominados llevan a cabo este juego espontáneamente en su cotidianeidad, de manera secundaria y silenciosa, por medio de la astucia, del aprovechamiento del tiempo y de la ocasión. Así, los sectores débiles se “acomodan” a la cultura dominante para sobrevivir pero continúan operando sobre ella por medio de tácticas. Para este autor, la clave está en los diferentes usos que las clases populares dan a los bienes legítimos, en las maneras de valerse de esos objetos que tienen su inventiva propia y que constituyen gestos de resistencia. (DE CERTEAU, 1996)

Lo que lleva a Beatriz Sarlo a afirmar que el problema no está en los usos desviados que los sujetos dan a los bienes simbólicos, sino en “qué objetos están dentro de las posibilidades de acción de los sujetos” es su concepción legitimista de la cultura. La autora pone el énfasis en la interacción entre instituciones y experiencias como base para la construcción de un universo simbólico: “no hay experiencias que no tengan en cuenta de alguna manera a las instituciones como referencia” y “no existen instituciones que, activas, dominantes o débiles, actúen en un vacío de experiencias”. Para ella, la teoría planteada por De Certeau propone “una especie de modelo insurreccional frente a las indicaciones institucionales que impone la cultura”; pero cualquier supuesta transgresión o insubordinación estaría contemplada dentro de los límites impuestos. Para modificar la hegemonía se necesita entonces, según Sarlo, un capital que habilite la creación de nuevas formas culturales . Pensarlo de otra manera constituiría, desde su punto de vista, una “inversión lisa y llana de la teoría manipulatoria”. (SARLO, 2001- 218 a 228)

La propuesta de Grignon y Passeron para salir de esta encrucijada epistemológica consiste en una transposición metodológica: emplear los mismos esquemas que se aplican al estudio de los gustos y consumos de las clases dominantes pero haciéndolos extensivos a toda la escala social. Implica un primer gesto por parte del analista que requiere abandonar el modelo de análisis dominocéntrico y reemplazarlo por el dominomorfismo para poder darle el status de “cultura” a “lo popular”. De este modo, es posible encontrar también en la cultura popular un estilo “para sí mismos” tanto como un gusto “para los otros”. Lo que Grignon y Passeron aportan a la discusión -aunque no pueden abandonar las herramientas legitimistas- es una lectura ambivalente que retoma lo positivo de cada una de estas dos perspectivas y que permite pensar a las clases populares como productores sin perder de vista las relaciones de poder en las que están insertos.
Las tácticas de las “muchachas”.

Alicia, Paula y Mirta tienen mucho en común. Ni siquiera son “empleadas domésticas”, ellas trabajan en negro y por horas, por lo que no acceden a los beneficios sociales de las empleadas. Son mujeres y son “muchachas”, por oposición a las “señoras” (“las dueñas de casa”). Tienen entre 40 y 50 años, son doblemente subalternas por su condición social y de género. Veamos qué hay de homogéneo en sus universos simbólicos:
Alicia vive en San Miguel, en un departamento que alquila con su pareja, quien trabaja en una empresa de seguridad. Alicia me cuenta: “A mí no me da vergüenza que me regalen ropa. Por ejemplo, las dos remeras de hombre con cuellito, que eran muy cortas y anchas, las que tenían el dibujo del caballo se las regalé al novio de mi hija, que es mecánico, y aunque se le ve el ombligo le vienen muy bien porque las usa para trabajar y ensucia de a dos por día”. Pero, según ella, lo mejor fue “por ese buzo finito que acepté, porque aunque pasé frío yo sabía que era de verdad y no trucho como el que te venden en las ferias, debía salir unos quinientos pesos pero, bueno, no me gusta por los colores, son muy estridentes. Me lo puse ayer miércoles para ir a limpiar a lo de una señora muy miserable, yo sabía cuando me viera iba a decir algo. Bueno, me dijo y entonces tuve justo lo que quise para responderle . Se lo dije, estaba esperando que me lo dijera.”
A Paula la incomoda que le regalen ropa, “como si no trabajara para comprársela” pero algunas cosas igual las acepta “para las nenas”. Vive en el barrio La Cava en San Isidro, tiene dos hijas preadolescentes y además la custodia de otras dos que le fue otorgada desde que falleció su mejor amiga. “Son muchas, entonces a veces acepto la ropa, después ellas se la reparten y ven si les gusta o no, así yo les puedo dar la plata para que vayan a las excursiones y no hago diferencias, les doy a todas por igual”.
A Mirta sí le molesta que le regalen ropa porque tiene que llevarse las bolsas en colectivo “sino es desprecio”; pero la lleva “a una Iglesia de San Antonio de Padua o a los viejitos” porque en general las prendas no le quedan o son de hombre. Mirta es enfermera de oficio, trabaja de noche “en la colonia de ancianos”, un hogar municipal.
En todos los casos se puede acordar que existe un lugar ajeno, constituido por el ámbito de trabajo (“la casa”) en el cual las reglas son impuestas por “las señoras” y en cual se imponen estrategias que funcionan definiendo determinados comportamientos esperables, como es aceptar la ropa usada que les regalan (“sino es desprecio”). Las tres anécdotas son útiles para analizar los usos diferenciales que las “muchachas” le dan a la vestimenta que reciben -la cual asumimos como un objeto de consumo cultural previamente definido por el gusto legítimo. Los caminos para la obtención de beneficios simbólicos son radicalmente diferentes. En el caso de Paula, la decisión se toma con el objeto de liberar poder adquisitivo para destinar a otro consumo (“las excursiones”) y tiene un fundamento ético “para sí” (“les doy a todas por igual”) que no tiene que ver exclusivamente con la necesidad en términos de Bourdieu. En el caso de Mirta distinguimos dos momentos: la sumisión a la regla del no desprecio en función de la táctica de no contrariar a su empleadora (“para el otro”) y un segundo momento ético “para sí” que implica regalarla a terceros atendiendo a que la ropa “no le sirve”. La anécdota de Alicia respecto de una de sus empleadoras es enriquecedora en la medida en que ilumina exhaustivamente el funcionamiento de las tácticas del débil: un cálculo que juega con el acontecimiento para hacer de él la oportunidad de reivindicarse simbólicamente ante el orden de lo dominante, allí donde no es esperado por su empleadora. En ningún caso el gusto legítimo está determinando la elección popular por el uso y cuando lo hace, como en el caso de Alicia, es desviado, o sea, aparece con el objeto de burlar una restricción transformándola en recurso. Tampoco el destino de las remeras “deformadas” para trabajar en el taller constituía un uso previsto por la cultura dominante.

Podemos afirmar con De Certeau que en los tres casos se podría plantear la existencia una táctica productiva (que Sarlo calificaría de meramente “insurreccional” en relación a las restricciones de poder en las que nuestras entrevistadas están inscriptas). Lo cierto es que, una vez reconocido el status productivo de la cultura popular, no hubiéramos podido iluminar los diferentes usos y matices presentes en el consumo de los sectores subalternos de no haber concretado, como proponen Grignon y Passeron, una transposición de las herramientas teóricas de la sociología legitimista.

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BIBLIOGRAFÍA:

SARLO, B. (2001): “Retomar el debate”, en Tiempo presente. Notas sobre el cambio de una cultura, Buenos Aires, Siglo XXI.

GRIGNON, C. y PASSERON, J. (1991): “Dominomorfismo y dominocentrismo”, en Lo culto y lo popular. Miserabilismo y populismo en sociología y en literatura, Nueva Visión, Buenos Aires.

BOURDIEU, P. (1979): “La elección de lo necesario”, en La distinción, Taurus, Madrid.

DE CERTEAU, M. (1996): “Introducción”, “Culturas populares” y “Valerse de: usos y prácticas”, en la Invención de lo cotidiano. I. Artes de hacer, Universidad Iberoamericana, Méjico.

lunes, 24 de mayo de 2010

Guinzburg, C. “El Queso y los gusanos”


Carlo Guinzburg es calificado como uno de los historiadores más polémicos debido a su metodología de trabajo. Para la reconstrucción de la historia se concentra en un pequeño caso individual al que considera representativo de la cultura que se propone analizar. Su método ha sido referido como de “investigación cualitativa hermenéutica”.
La obra de la que nos ocuparemos se propone estudiar la cultura popular de fines del s. XVI y nos plantea inicialmente la imposibilidad de acceder a las fuentes de dicha cultura debido su naturaleza oral y al hecho de que no existen registros documentales de la misma. La pregunta que Guinzburg nos lleva a formularnos -siguiendo con la provocativa retórica de De Certeau- es si podemos estudiar la cultura popular por fuera del gesto que la suprime, siendo este último precisamente el proceso que la borra. Es decir, concretamente, ¿podemos conocer en profundidad la cultura rural del siglo XVI a partir de las actas de la Inquisición? La conflictividad aquí es doble: reside en que estamos reconstruyendo esta cultura oral subalterna a partir de los testimonios escritos de la clase que sobre ella ejerció una función represiva.
Hay en este texto una postura teórica que discute categóricamente con las corrientes historiográficas tradicionales que niegan la validez de estudiar casos individuales, así como también una crítica explícita a la obra de Foucault, a quien acusa de concentrarse más en los procesos de exclusión que en la cultura de los excluidos.
La tesis del autor es que para poder estudiar determinadas culturas, para las cuales no tenemos acceso a fuentes propias, es necesario correrse del paradigma del conocimiento objetivo y empezar a considerar determinados rastros, indicios y abducciones que podamos obtener a partir de otras fuentes indirectas que nos permitan reconstruirla, teniendo en cuenta los filtros deformantes.
Esta metodología -a la que por concentrarse en un espacio social reducido también podríamos llamar “micro- histórica”- conduce a Guinzburg a abordar el caso particular de Menocchio, un molinero friulano alfabetizado que fue acusado de herejía y condenado a la hoguera por la Inquisición. Las actas de enjuiciamiento son de particular utilidad para encontrar las huellas de la cultura reprimida. En ellas le resulta posible al autor rastrear las imbricaciones entre las tradiciones rurales y algunos hechos históricos, como la Reforma/ Contra- reforma y la invención de la imprenta.
El caso del molinero corresponde a un perfil atípico para la época: el ámbito en que se movía era el de la cultura popular, pero su condición de alfabetizado lo llevó a tener acceso a algunos libros controvertidos para la Inquisición.
Guinzburg focaliza en el desfase entre los textos escritos a los que tenía acceso Menocchio, la manera en que asimiló su lectura, por un lado, y su posterior construcción discursiva dirigida a sus coetáneos y a los inquisidores que lo enjuiciaban, por el otro. La hipótesis del investigador es que Menocchio interponía un tamiz inconsciente entre él y la página impresa; es decir, configuraba una clave de lectura propia, una reelaboración original de lo leído en la que confluía la cultura oral y la cultura escrita.


El traspaso del registro oral al escrito, la traducción del juicio, el hecho de que las actas reflejen la cosmovisión de la cultura dominante de la época, las lecturas previamente realizadas por Menocchio, constituyen filtros deformantes que el historiador debe tener en cuenta para reconstruir la clave de lectura del protagonista. Una vez pasado el discurso por este tamiz analítico, lo que queda corresponde virtualmente al ámbito de la cultura oral popular del siglo XVI.
Dicha clave de lectura nos marca la distancia entre la letra de los textos y la explicación de Menocchio. Si bien esta interpretación no es accesible por fuentes directas, queda plasmada en las actas de la Inquisición en la manera en que el molinero la restituye a su interrogador:


“Yo he dicho que por lo que pienso y creo, todo era un caos, es decir, tierra, aire, agua y fuego juntos; y que aquel volumen poco a poco formó una masa como se hace el queso con la leche, y en él se formaron los gusanos y éstos fueron los ángeles; y la santísima majestad quiso que aquello fuese Dios y los ángeles; y entre aquel número de ángeles también estaba Dios creado también él de aquella masa y al mismo tiempo; y fue hecho señor con cuatro capitanes, Luzbel, Miguel, Gabriel y Rafael…”


“Ir a confesarse a los curas y frailes es como ponerse delante de un árbol”.



Finalmente, la obra nos permite sumergirnos aún en otra profunda discusión:


¿Hasta qué punto los eventuales elementos de la cultura hegemónica en la cultura popular son producto de una aculturación?


Lejos de propuestas como las de Mandrou, que atribuye a la clase subalterna una adaptación pasiva, o la de Bolleme, que le reivindica una oferta de valores autónomos, Guinzburg –siguiendo a Bajtín- afirma la circularidad en las relaciones entre culturas de clase, lo que permite pensar en una “zona de encuentro” entre ambas culturas, en la que se da una dinámica de relaciones de dominación, conexiones, préstamos, influencias recíprocas, conflictos y resistencias. En esta línea de pensamiento, el historiador nos propone un ejercicio de reflexión: es muy probable- sugiere el texto de Guinzburg- que si ambas culturas nunca hubieran entrado en contacto, las huellas de la cultura oral popular del siglo XVI se hubieran perdido para siempre.

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BIBLIOGRAFÍA:

Guinzburg, C. “El Queso y los gusanos”, Muchnick, Barcelona, 1981.
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sábado, 15 de mayo de 2010

R. Walsh o la paradoja de la representación subalterna


“¿Cómico, verdad? Uno llega a saber cómo se dice una cosa en dos idiomas,
y aún de distintos modos en cada idioma,
pero no sabía qué era la cosa.”
R. Walsh


¿Cómo se representa lo subalterno? ¿Cómo puede un texto representar una dimensión que no forma parte de sus condiciones de producción? Los medios audiovisuales tienden a poner en escena una corporalidad arquetípica como ilusión de desaparición de la mediación. Así, la voz subalterna aparece soportada por el propio cuerpo. Decimos que se trata de una ilusión, dado que si esta voz pudiera apropiarse del medio para representarse a sí misma perdería la condición de su subalternidad.
A Rodolfo Walsh se lo reconoce principalmente por su actividad de investigación periodística y por la “invención” del género reportaje de ficción; pero además ha escrito numerosos cuentos que, si bien están del lado de la ficción, aparecen anclados en la experiencia de la lucha proletaria. Hay una anécdota que él cuenta en relación a su metodología de trabajo y que se resume en la siguiente impresión:


Vi morir un conscripto en La Plata, que al morir no dijo “Viva la Patria”, sino que gritaba:


- No me dejen solo, ¡hijos de puta!


Esta anécdota nos dice mucho sobre el abordaje de lo popular y sobre la habilidad metodológica que se propone desarrollar. Para Walsh, la verdad no está en el mármol, sino en la voz subalterna, a la que hay que saber recoger y escuchar con respeto en la experiencia directa.


En el cuento del mismo autor, “Nota al pie”, del cual hemos extraído la cita del comienzo, encontramos genialmente simbolizada esta tensión entre la voz letrada y la voz popular. Lo popular es en Walsh el camino y la clave para reconstruir una verdad histórica. El cuento le sirve para exhibir, entre otras cosas, la arbitrariedad en esta relación de representación. Expone el diálogo entre una voz letrada y otra que quiso serlo. El texto derrama esta tensión en tres dimensiones (gráfica, sintáctica y de clase). Gráficamente y sintácticamente, a medida que avanza la lectura, la voz proletaria -como nota al pie- va ganando terreno y se va volviendo cada vez más importante para entender la causa del suicidio de León, un traductor contratado. En ella reside la verdad y no en la mirada de su editor, cuya voz es el soporte de lo que, al inicio del cuento, parece ser el hilo principal de los acontecimientos:


A los ojos del protagonista del texto “principal” –Otero, el editor- León se ha vuelto loco. No consigue comprender el enigma de su muerte. La fealdad de su habitación en la pensión y hasta su propia fealdad eran culpa del mismo León. Él había elegido esa vida para sí mismo. Era sacrificada en verdad; pero aún más sacrificado era ser un editor, alimentar los sueños de la gente e inculcar al pueblo una cultura, acercarle las obras principales. León sólo debía considerar el tiempo que le tomaría a un hombre como él, de una cultura mediana llena de lagunas, escribir una novela. Y lo poco que le pagarían por ella. Sin duda, estaba mejor como traductor. Era lo más cerca que podía llegar de ejercer un verdadero arte: borrar su personalidad, pasar inadvertido y escribir como otro sin que nadie lo note.
Otero elabora distintas hipótesis sobre la causa de su auto- envenenamiento: conflictos de la infancia, ausencia de los padres, la fealdad y la dejadez que le habían impedido conseguir una mujer. Consideraba que siempre había sido generoso con León; pero su complacencia en la desgracia, el lamento constante y la miseria de éste lo abrumaban, al punto de que en los últimos días lo había hecho atender por su secretaria. El suicidio era la escapada de un mediocre, “un símbolo del desorden de los tiempos”, un acto que ponía en duda los valores. Tal vez había sido, incluso, demasiado blando, demasiado bueno con él. Si hasta en un acto de generosidad, una vez le había regalado medio aguinaldo…


Como dijimos, apenas tras las primeras líneas el texto nos presenta una bifurcación: seguir la nota al pie o seguir la “historia”. Con el transcurrir de las páginas, esa nota subordinada –que es el texto de la carta del suicida- se va convirtiendo en la verdad que es clave del misterio, al mismo tiempo que la narración va perdiendo fuerza. Puede leerse una u otra. Pueden leerse, incluso, ambas simultáneamente. En un punto, el lector se descarrila por el hábito de la referencia al pie, pero la carta se extiende, gana peso propio, lo va tentando con la verdad. Al final qué importa si el comisario tarda o no, qué importan las elucidaciones de la dueña de la pensión.
¿Quién es el protagonista? En apariencia, Otero, la voz letrada mediada por otra voz letrada –la de Walsh. El pensamiento de Otero es apenas una estigmatización sobre la vida de un subalterno. Pero a medida que avanza el cuento, León parece tener voz propia. La verdad reside en su experiencia subjetiva, en la causa popular:

León trabajaba en un taller mecánico, su cuerpo era portador de las marcas que encarnaban su tiempo de trabajo. León soñaba con dejar de ser un obrero y para lograrlo se inscribió en las academias Pitman. Logró recibirse de traductor de inglés mediante una educación práctica. Construyó una auténtica intimidad con los objetos de trabajo cotidiano, especialmente el diccionario –con el que mantiene diálogos fantásticos. A fuerza de desvelos pudo ir mejorando cada vez más sus traducciones, a medida que fue teniendo acceso a las obras literarias de la cultura letrada occidental. Consiguió su primer trabajo intelectual pago. Poco a poco fue burlando los textos, introduciendo estrategias para ganar tiempo y artilugios intelectuales propios, fantaseando que él mismo podía escribir. Logró el reconocimiento de la Casa (la editorial para la cual trabajaba y que le pagaba por página traducida, sin importar el tiempo que había dedicado a ella). Se creía privilegiado, lejos de aquellos que manejaban tornos, amasadoras, guinches. Sin embargo, León no pudo salir materialmente de su miseria. Tenía un solo traje de franela para invierno y verano, con mucho esfuerzo lograba pagar puntual su alquiler, había debido empeñar su Remington y continuar en forma manuscrita. Intelectualmente, seguía subordinado a los lineamientos del editor. Se comparaba con sus competidores, otros traductores, en función de la crítica que aparecía en los periódicos. León era muy bueno en lo que hacía, pero todo su crédito simbólico se reducía a tres iniciales colocadas al pie del título, apenas en cuerpo 6. Doce años. Sesenta millones de golpes de máquina. Sus dedos estaban maltratados. Comía mal, dormía mal, su cuerpo sufría las dolencias de aquellas noches de trabajo. Los empleados del taller apenas prestaban sus cuerpos, en cambio él, además alquilaba su alma.


Aunque hay implícito un llamado a apropiarse de los medios de producción, detrás de todo esto está, quizás, la paradoja de la cual Walsh es muy consciente: el escritor es un letrado, León no habla por sí mismo. Mediáticamente, está siempre representado.

Finalmente, no ha dejado de ser un obrero, está solo y cansado. No ha cumplido su sueño, está decepcionado de su destino...

Tanto, que decide suicidarse.

MEB


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Descargar el cuento:

http://niusleter.com.ar/biblioteca/RodolfoWalshNotaalpie.pdf

sábado, 1 de mayo de 2010

Ford, A., “Culturas populares y (medios de) comunicación”,


Ford explica la relación reflexiva entre los medios de comunicación y la cultura popular. “Ponerlas en contacto con los medios de comunicación es ponerlas en contacto consigo mismas” en tanto que la cultura mediática nace enmarcada en las tradiciones, géneros y saberes de las necesidades cognitivas existentes en las clases populares.
Hacia mediados del siglo XIX se da una etapa marcada por la aceleración de la revolución industrial, un intenso desarrollo urbano –pero con un pasado rural aún muy cercano- y el pasaje de la razón iluminista a la positivista. Los medios parecen haberse hecho cargo de este pasaje de la razón iluminista a la modernizadora y principalmente de las zonas que por él se vieron desplazadas -la cultura del afecto, los sentimientos, la actuación, la improvisación, el humor, la oralidad y la construcción cotidiana del sentido en general-, las cuales encarnaban en el juego y en la fiesta, que pasaron a ser des-jerarquizadas y a ser considerabas bárbaras e irracionales.
Los medios avanzaron acompañando el trayecto hegemónico de la razón iluminista y positivista desde una lógica que no era la del saber escolar, institucional ó estatal, desde la dinámica de pequeñas empresas aventureras y por medio de los intelectuales pobres que trabajaban en ellas, quienes establecían un complejo y negociado diálogo con las clases populares. Este trayecto es el que va del pregonero que relataba los crímenes de pueblo en pueblo, de la novela gótica o de la literatura de cordel hacia los relatos de Poe apoyados en la lectura restringida de los periódicos del siglo XVIII –ya para entonces estrechamente ligados con la crónica negra de los periódicos populares. Pensar que este proceso sólo puede ser explicado desde la lógica del capitalismo equivale a pensar que las clases populares son esencialmente pasivas en los procesos de industrialización, urbanización y modernización.
Como dijimos, los medios nacen encadenados a las culturas populares que los engendran y no sólo a sus géneros, sino también a sus estrategias cognitivas. Estas reglas y estos saberes no pueden ser vistos como “tradiciones” en sentido estricto, puesto que son zonas reprimidas por las culturas oficiales del capitalismo. El autor explica el fracaso de los países socialistas para construir una industria cultural que sea competitiva con la occidental por haber estado apoyados en la misma concepción de la razón que los países capitalistas. Dos errores les impidieron comprender la relación de las clases populares con los medios: por un lado, respecto de las culturas preindustriales, no discriminaron en ellas entre los elementos retrógrados y los que referían a discusiones históricas; por el otro, realizan una lectura en clave estética e ideológica de aquello que debe ser tomado o no etnográficamente. Esta concepción de Ford es idéntica a la de Hall, para quien pensar que las clases populares consumen medios porque son idiotas es “muy poco socialista”.
Para Ford, hay conjuntos culturales que no han sido jerarquizados por la razón iluminista y positivista que se filtraron en los medios directamente desde las culturas populares anteriores, las cuales hoy persisten en éstos así como también en los intercambios simbólicos no massmediáticos. El autor ejemplifica con la figura de Olmedo, respecto de la cual circulan muchas explicaciones eticistas, superficiales y estereotipadas (desde la alienación hasta la procacidad). Sin embargo, el caso de esta figura en particular nos remite a problemas más profundos como la recuperación simbólica del cuerpo (la exacerbación de lo gestual) y los procesos de construcción del sentido (la desagregación del doble sentido, la improvisación que desafía a la estructuración, etc.). Ver espectáculos o admirar a un actor no son signos de mera pasividad, sino momentos receptores.
El autor entiende que los estados modernos jerarquizaron la escritura desplazando a otras formas, que nuestra cultura actual bloqueó el conocimiento sobre la percepción corporal -kinésica y proxémica- disminuyendo a la vez el rol de los sentidos en nuestra experiencia cotidiana. Vivimos en una cultura donde la tragedia tiene más prestigio que la comedia.
Los medios audiovisuales vienen a romper la hegemonía de la escritura, pero esto no es totalmente percibido a raíz de que son analizados desde un paradigma escritural. En efecto –dice Ford- “la cámara a veinte centímetros de la cara de un político estructura una lectura y genera una competencia en la cual funcionan saberes que estuvieron siempre en la vida cotidiana de las clases populares subyaciendo al prestigio de la escritura”. Sin embargo, la mayoría de los proyectos de políticas de comunicación en América Latina han reflexionado muy poco sobre esto, marcados por lo escritural.
Es necesario para Ford romper con estos modelos culturales, reconocer que es imposible analizar la cultura de las clases populares sin registrar su relación con los medios y entender la recepción como acción cultural asimétrica y activa, esto es analizar la constitución histórica de los medios desde sus conflictos internos y no sólo desde el punto de vista de los intelectuales adornianos agredidos por ella, abordarla por fuera del chantaje culturalista que los convierte en un objeto degradado. Se deben reconocer las racionalidades y las estrategias de las culturas cotidianas para desde ellas poder romper las culturas institucionalizadas. Poner en relación la lectura popular de los medios con la recuperación simbólica de lo corporal o con la persistencia de saberes que han sido des- jerarquizados es condición indispensable para repensar una cultura que revalorice las densidades de lo cotidiano y la riqueza cultural del “hombre común”.

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Bibliografía:

Ford, A., “Culturas populares y (medios de) comunicación”, en Navegaciones. Comunicación, cultura y crisis, Amorrortu, Buenos Aires, 1994.